Andreu Martín

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Lorenzo Silva y Andreu Martín digitales

Artículo de entrevista publicada a Sigueleyendo

Lorenzo Silva y Andreu Martín.

RAÚL ARGEMÍ

Lorenzo Silva y Andreu Martín son dos autores de éxito, con muchos títulos y muchos seguidores. Hasta hace un par de años tal vez ni pensaban en editar digitalmente sus libros, pero el mundo cambia a una velocidad vertiginosa y los dos han dado el salto. Silva lo hizo hace un año y Andreu Martín lo está haciendo ahora. Para charlar con ellos, uno ya veterano en lo digital y el otro novato con ganas, los reunimos en Sigueleyendo.

Por ser algo así como metódico, le pido a Silva que cuente cómo llegó a este territorio digital, cuáles fueron sus razones, y los primeros pasos.

Lorenzo Silva: Por un lado veía crecer ese mundo sin fronteras, esa ventana internacional que cada día se expande más, y me decía: ¿por qué no estar allí? Además, rastreaba en Google mis novelas, y las encontraba pirateadas para descarga. O sea que ya estaba digitalizado pero sin control sobre mi obra; a la que podían censurar, cambiar, lo que quisieran… Un día, uno de los que me habían leído pirateado, me escribió un mail, sugiriéndome que yo las editara a un precio razonable; a 3 o 4 euros. ¿Qué hago? Me dije. Tenía que tomar la iniciativa, porque no se puede esperar todo de los editores. Por suerte, con Planeta, que había publicado gran parte de mis libros, pude dialogar. Encontré gente que sabía de qué estaba hablando, y que aceptaron las condiciones que yo quería: un precio que no pasara de 5 euros y que los libros no tuvieran DRM. Esa clase de protección sólo sirve para que el comprador tenga mil problemas, y cualquier hacker se la salta con una sonrisa.

Silva: Encontré gente que sabía de qué estaba hablando,

y que aceptaron las condiciones que yo quería:

un precio que no pasara de 5 euros

y que los libros no tuvieran DRM.

Mientras Lorenzo habla, anoto y de tanto en tanto observo a Andreu Martín. Tiene la misma cara que pongo yo cuando quiero entender qué me está contando un menorquín, en su catalán isleño: con los ojos muy abiertos como si así pudiera entender mejor.

Pregunto: Dos preguntas: ¿Cuántos libros has puesto en circulación? Y ¿te eran necesarios los editores o podrías haberlo hecho por tu cuenta?

Silva: ¿Cuántos? Creo que son veintiuno. Y en cuanto a lo otro… (Sonríe) Uno puede hacerse una autoedición, pero los editores siempre lo hacen mejor. Nada te impide autoeditarte y poner tu libro en Amazon. Sólo que Amazon no te promociona, es muy grande y tu libro estará allí, perdido entre miles. Con un editor el libro se mueve de otra manera; y garantiza otra calidad. Hay autoediciones que te duelen cuando las lees.

Pregunto: ¿Ha cambiado tu grupo de lectores?

Silva: Mucho. Antes, era imposible convencer a un editor de que enviara tus libros a Latinoamérica. Que perdían dinero, que los impuestos aduaneros, que el transporte… Ahora mi territorio de publicación, digital, es todo el mundo del castellano, y donde tengo muchos seguidores es en México.

Pregunto: ¿Y con los piratas, qué?

Silva: Creo que hacen falta leyes que protejan esta industria, que está desprotegida. Bajamos los precios para que no sea necesario piratear, pero siempre habrá quien crea que puede quedarse con el trabajo de otro —que es eso, trabajo—, y regalarlo impunemente. Necesitamos leyes que entiendan cuál es el problema y penalicen a los ladrones.

Silva: Bajamos los precios para que no sea necesario

piratear, pero siempre habrá quien crea que puede quedarse

con el trabajo de otro, y regalarlo impunemente. 

Me vuelvo hacia Andreu Martín, que hasta ese momento no había dicho esta boca es mía, y…

Pregunto: Tu decisión es reciente, pero parece muy entusiasta. ¿Qué te disparó en esta dirección?

Andreu Martín: Ante todo debo confesar que de esto sé bien poco, y estoy aprendiendo ahora. Pero la explicación suele ser la misma para todo lo que hago: es visceral. Un día pensé que tengo muchas novelas muertas. Novelas que seguramente tendrían nuevos lectores, pero que están muertas porque los editores son remisos a publicarlas. Y eso (hace un gesto como de revolución volcánica interior) me puso a pensar. Luego, recordarás, charlamos contigo y con Cristina Fallarás, para que nos contarais de vuestra experiencia con Sigueleyendo, y me decidí a dar el paso. Ya os digo, mi decisión es visceral; ya estoy cansado de que algunos editores se comporten como vendedorcillos y entierren tus libros. A quienes no te cuidan… (Hace un gesto que interpreto como el que yo haría para decir “que se vayan a tomar por culo”)

Martín: Un día pensé que tengo muchas novelas muertas.

Novelas que seguramente tendrían nuevos lectores, pero que están muertas

porque los editores son remisos a publicarlas.

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Pregunto: Tu biblioteca, Andreu, es inmensa ¿Cuántos libros vas a publicar?

Martín: Por ahora lo que tengo en el ordenador, porque muchos (ríe) los escribí cuando no había ordenadores, por lo qué no tengo ni un Word, están impresos en libro y escanearlos y todo eso es un engorro que ahora no me puedo proponer. Ahora lo que quiero es dar nueva vida a novelas que no se han reeditado y saber que algún lector tendrán, con seguridad; y si se puede ganar un euro mucho mejor.

Pregunto: ¿La serie Flanagan, por ejemplo?

Martín: Con Flanagan tengo un problema con Anaya, que no ven que sea el momento de publicarla en digital. Si todavía se vende bien, dicen. Pero resulta que hay universidades extranjeras que, para sus cátedras de castellano, quieren a Flanagan porque su lenguaje es más sencillo y fácil de comprender. ¿Pues qué…? ¿Que les van a enviar 20 o 30 libros a Alemania o a Estados Unidos? Pues no, y en digital… tampoco. Bueno, sí, quedan las ediciones piratas. No terminan de entender que hoy, para un libro, su mundo no es solamente el hispano, sino todo el mundo. Así que estoy en la edición de la serie de Wendy.

(La noche en que Wendy aprendió a volar, novela que recibió el premio Bancaixa 2006, y su secuela Wendy ataca. Las dos protagonizadas por una joven Mosso d’Esquadra).

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Silva: Pero… los libros de Wendy todavía están vigentes en papel.

Martín: Están, pero si no piensan reeditarlos, estamos otra vez en lo mismo. Son cada día más difíciles de conseguir, y los piratas están allí, a la pesca del botín.

Pregunto: ¿Cuál puede ser la expectativa comercial? Por ejemplo, Lorenzo. ¿Ya sabes cuánto has vendido?

Silva: Por lo que sé hasta hoy, vamos muy bien; pero los números los tendremos pronto, cuando la editorial me diga cuántos y dónde. Lo que tengo es una aproximación, por los comentarios que recibo en mi blog.

Martín: Para mí es una incógnita. Ya veremos, porque recién comienzo, pero soy optimista.

Pregunto: ¿Y el precio? ¿Cuál tiene que ser el precio para un libro digital? Porque podemos coincidir en que el precio es también un arma para estimular la compra legal.

Martín: Yo todavía no lo he decidido, pero quiero que mis libros estén al alcance del lector.

Silva: Alguien me dijo algo muy inteligente. Dividir los precios de 0 a 5, de 5 a 10 y de 10 en adelante. De 10 en adelante, olvídalo, ya se sabe que casi no hay mercado. A ese precio el lector compra en papel. De 5 a 10 ya lo cosa comienza a ser interesante, porque está más cerca de lo que el lector está dispuesto a pagar. Y de 5 para abajo, es mejor cerca de 5 que de cero.

Digo: Lo que dices coincide con un libro que recomienda vinos buenos españoles, tomando el segmento que va hasta los 6 euros. ¿Por qué? Porque ante la oferta y puestos a elegir un vino bueno, pero que no sea caro, los españoles está dispuestos a pagar hasta seis euros o un poco menos.

Silva: Me parece una buena comparación la de los vinos. Si te lo regalan existe la duda sobre su calidad, y no sé si vale la pena, comercialmente, meterse en eso. Mis libros están rozando los 5 euros.

Silva: Me parece una buena comparación la de los vinos.

Si te lo regalan existe la duda sobre su calidad,

y no sé si vale la pena, comercialmente, meterse en eso.

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Pregunto: Parece que estamos atrapados en un dilema. Algo así como libertad o expropiación. Lorenzo es, además de escritor, abogado. ¿Qué se podría hacer en este espacio sin regulaciones?

Silva: Es algo que habría que estudiar en profundidad, técnica y legalmente. Porque, a veces me pregunto… ¿Google, que facilita el acceso a las páginas piratas, es inocente en lo que sucede, o tiene un grado de responsabilidad?

Pienso: Google, para entrar en China, aceptó bloquear todos los contenidos que molestaban al régimen. O sea que el problema no es técnico. ¿Cuál es?

Como reza un antiguo refrán, a los cojos, a los rengos, se los reconoce caminando, entonces les digo a Andreu y Lorenzo: como todo cambia a una velocidad de ciencia ficción, les propongo reunirnos otra vez, dentro de seis meses. Para ver dónde estaremos en ese momento, y cómo les ha ido con la digitalización.

Martín:  Pues sí, nos vemos en seis meses y sabremos que ha sido de nosotros.

Silva:  Muy bien, en ese plazo sucederán tantas cosas que habrá que tener una nueva mirada.

La observación final de Lorenzo Silva me parece que es el punto central de toda esta movida, lo que no se puede dejar de tener en cuenta: en el mundo digital todo cambia a una velocidad astronómica. Como todo en la historia de la tecnología. Hace un año eran legión los escritores que se negaban a digitalizar, porque veían peligrar sus ingresos. Hoy, aceptan que el cambio es irreversible y piensan, desconcertados, cómo encontrar acomodo en estas nuevas relaciones de producción que se alejan tanto de las premisas de la Revolución Industrial del siglo XIX.

Tal vez conviene recordar a los tejedores de Birmingham, que salieron a quemar telares automáticos porque condenaban a la desaparición a los hilanderos domésticos. El resultado de aquella guerra ya lo conocemos. Todos vestimos telas y ropas producto de los telares automatizados.

NIÑOS FEROCES

 Lorenzo Silva

  DESTINO

 

 

 Andreu Martín

Memorias amnésicas (1)

Me estaba planteando escribir mis memorias. Muchas veces me lo sugieren: “¿Por qué no escribes tus memorias?”. He estado pensando sobre ello y creo que no lo haré.
He comprobado que normalmente unas Memorias consisten en relatar la lista de personas famosas que uno ha conocido a lo largo de su vida. El día que saludé al rey, el día que cené con Manuel Vázquez Montalbán… Lo siento, pero no recuerdo casi nada y lo que recuerdo no es para ser contado.
Un ejemplo: en una recepción en el Palacio de la Zarzuela (¿era en la Zarzuela? Bueno, uno de esos palacios que tiene el rey por Madrid) coincidí con Antonio Gala. No es que lo admire mucho pero, vaya, uno se le acerca y lo saluda. Sobre todo, porque no hacía mucho que había estado hablando de él.
-Hola -le dije-, soy Andreu Martín. Escribo novela policíaca. -Me miraba con cara de oler mierda-. El otro día estuve hablando con un atracador que me dijo que te conocía.
Me pareció que le hacía ilusión saberlo pero en seguida se puso a balbucear e intuí que no era la mejor manera de iniciar una conversación con Antonio Gala. Me alejé precipitadamente fingiendo que alguien me llamaba desde el otro lado del salón.
Nunca más he vuelto a saber de él. ¿Puedo decir que conozco a Gala? Creo que no. ¿Mencionaría esto en unas memorias? No, no, decididamente, más vale que me refugie en la amnesia. (O en el Alpiste: mezcla de alzheimer y despiste.)

MI MR. HYDE

       El quinto timbrazo rompió en dos una palabra que empezaba por «imp», y al mismo tiempo, hizo añicos la frase, el concepto e incluso el argumento de lo que escribía. Levanté la vista, exasperado y, cuando la devolví a la pantalla del ordenador, «imp» ya no significaba nada y yo ya no sabía adónde iba ni de dónde venía ni mucho menos quién era. El timbre de la puerta sonó por sexta vez y expiró mi inspiración, fuera lo que fuera lo que yo estaba describiendo (un asesino impávido, un policía impotente, un crimen imposible, un juez impaciente, un botín importante, una violencia imprescindible, un delincuente impetuoso, una rubia impresionante -ésos son mis temas preferidos: el horror urbano, el miedo cotidiano).

Salí del despacho y recorrí la casa preguntándome, entre dientes, dónde coño se había metido la canguro que, además de cuidar de mi hija, se suponía que debía cumplir otras funciones como, por ejemplo, la de abrir la puerta si alguien llamaba. Pegué un portazo excesivo para demostrar mi furor a la niñera negligente y para dar a entender al visitante insistente que ya acudía, que lamentaba mucho haber tardado tanto pero que tenía poderosos motivos para ello. Al pasar frente al cuarto de baño, vi a mi hija de dos años sentada en la taza del wáter, con cara de penosos esfuerzos, y a una canguro que la sujetaba y se excusaba con la mirada.

Abrí la puerta y me sacudió, como una descarga eléctrica, un ataque de pánico.

No porque el tipo que estaba ante mí tuviera un aspecto inquietante, que lo tenía, sino por algún motivo más profundo que, de momento, fui incapaz de analizar. En aquel instante sólo pude comprender que aquel individuo me daba mucho miedo porque tenía mucho que ver conmigo mismo, porque se parecía mucho a mí, porque tal vez fuéramos incluso dela familia. Unnexo profundo y sólido me unía al sujeto de niqui blanco sucio, vaqueros gastados, zapatillas deportivas, tatuaje en el bíceps, barba de días, palidez carcelaria (o quién sabe si sidótica) y mirada inyectada en sangre alcohólica.

—Qué tal, tronco —afirmó, inexpresivo—. Hoy me han soltao. ¿Puo pasar?

La respuesta era «No», naturalmente. Pero me sentía tan crispado y amedrentado como si el individuo me estuviera amenazando con una navaja. Pensé «la nena», al mismo tiempo que la oía venir corriendo por el pasillo. Pensé «No, que no se acerque, que él no sepa que existe». Pero era demasiado tarde. Los ojos sanguinolentos sonrieron al verla. Y, peor aún, también mi hija sonrió al ver los ojos sanguinolentos. Ella, que apartaba la vista y escondía la cara ante cualquier desconocido, se iluminó con la sonrisa de los domingos, abrió los brazos y corrió al encuentro del aparecido con un chillido de placer. La tomó él en brazos antes de que yo pudiese hacer nada por impedirlo, la levantó en alto y la besó, y a mí me estremeció la repulsión que ella no sentía, pero ya no pude cerrarle el paso por más tiempo, claro está, ya tuve que hacerme a un lado y aceptar que las amistades de mi hija tenían que ser bienvenidas en mi casa.

—Qué mayor sha hecho en un año, la jodía —comentó el visitante—. En un año que mhe pasao nel talego.

—¿La conocías? —pregunté al fin—. Perdona, ¿nos conocemos?

—¿Si nos conocemos?  —me echó una ojeada casi ofendida—. Yo no sé si te conozco a ti, pero tú a mí me conoces de sobras. Me he leío tos tus libros en el maco, y coño si me conoces. Te pasas la vida escribiendo lo que hago. Que si doy un palo a un banco, que si me cargo a un colega a sirlazos, que si me entalegan… Como si me hubieras parido. Yo me lo curro y tú te ganas la vida con mis aventuras. —Miró a mi hija, que le acariciaba las mejillas rasposas—. Que si nos conocemos, me pregunta tu padre. Yo a vosotros, no, pero vosotros a mí, tela, anda que no me tenéis clisao ni na. Pero no te preocupes, muñequita, que ya nos conoceremos. Las cosas van a cambiar, de ahora en adelante.

Me sentí aplastado por una losa de culpabilidad. No era la primera vez que experimentaba aquella sensación agobiante. Más de una vez había pensado que me alimentaba y alimentaba a mi familia a base de miserias ajenas. Mientras hubiera chorizos sueltos por la calle, navaja en mano, agresores de ciudadanos desprevenidos, yo tendría material para mis novelas.

—¿Qué pretendes?  —pregunté, como si sólo quisiera informarme—. ¿Qué quieres de nosotros?

—Lo que se me debe. Sólo mi parte en los derechos de autor.

Hace de esto más de un año. Mi mujer dice que es un atraco a mano armada. Yo todavía soy incapaz de negarle a míster Hyde lo que me pide.

Niños que muerden a perros

Andreu Martín se lanza a la autoedición digital

El autor catalán inicia una aventura para editar sin intermediarios. Empezará con dos inéditos. Se suma a la tendencia autónoma del .com

ROSA MORA Barcelona 10 ABR 2012

Andreumartín.com empezará a funcionar antes del 23 de abril. El escritor catalán se inicia en la autoedición digital con dos libros inéditos e irá recuperando todo su fondo, en gran parte descatalogado. También aparecerán tres novelas bajo licencia de Creative Commons. “He decidido editar mis propios libros electrónicos sin intermediarios como reacción a la praxis de muchas editoriales que condenan al autor al ostracismo. Los editores y los jefes de prensa son mis amigos pero cuando mandan los jefes de ventas, editores, jefes de prensa y autores se convierten en mindundis y entonces las editoriales se convierten en el enemigo si hacen distribuciones cortas y no reeditan”, afirma Andreu Martín (Barcelona, 1949).

“Solo el 10% de mis libros está en librerías. El 90% se ha perdido en la noche de los tiempos. Reivindico mi derecho a perpetuar mis novelas a través del formato digital”. Andreumartin.com se iniciará con dos libros inéditos. Una novela corta, La vida es dura, y un libro de relatos, Niños muerden perros, que reúne textos dispersos publicados en diarios y revistas nunca publicados en formato libro.

La vida es dura es una novela “contundente y de impacto”, seguramente también polémica. El telón de fondo es el Movimiento del 15-M. “El protagonista es un indignado que se desespera con políticos, banqueros y gente similar y harto de ver que por las buenas no consigue nada, decide saltarse a la torera las leyes y actuar por su cuenta”.

En esta primera oferta recuperará novelas descatalogadas como Corpus delicti, las falsas memorias de un psicópata, o Bellísimas personas, escrita a partir de un hecho real, un hombre normal, padre amantísimo de dos niñas, que asesina a un niño y finge su secuestro.

La nueva webb incluirá una bibliografía completa e indicará qué libros están disponibles y cuáles no. “Cada título aparecerá con la cesta de la compra que remitirá a las plataformas digitales y librerías on line. El precio no superará los nueve euros aunque variará según las plataformas. También se indicará las editoriales que disponen de los derechos de venta digital”. En una primera fase promocional, con la adquisición de alguno de los libros electrónicos disponibles se regalará un cuento de Niños muerden perros.

Otras tres novelas serán asequibles en Creative Commons: la mencionada Bellísimas personas (4,99 euros), Por amor al arte y la juvenil Chats, ambas con el precio sugerido de 3,99 euros. Las novelas de la serie protagonizada por el joven detective Flanagan, escrita a cuatro manos con Jaume Ribera “siguen super vivas en papel” y de momento no se plantea autoeditarlas en digital. Con el primer título de Flanagan, No pidas sardinas fuera de temporada, publicada en catalán en 1987, Martín y Ribera ganaron en 1989 el Premio Nacional de Literatura Juvenil. Sí piensa digitalizar las novelas de la mossa d’esquadra Wendy y las del detective privado Ángel Esquius, cinco títulos y no todos traducidos al castellano. “No quiero pelearme con nadie por los derechos pero las conversaciones están abiertas”.

Martín, a punto de lanzar su web, ha recibido la oferta de la editorial Flamma de hacer la edición electrónica de Jesús en los infiernos, sobre la Barcelona preolímpica vista con horror por un tipo de la Cataluña profunda. “He aceptado, porque digitalizar es un proceso lento y costoso y si las editoriales están dispuestas, yo encantado”.

“Mi objetivo con andreumartin.com es llegar al mercado en español, sobre todo en América Latina, donde soy conocido pero apenas llegan mis novelas, y al hispano de Estados Unidos”.

Andreu Martín se inicio en la novela negra con Aprende y calla (1979) y es autor de títulos tan notables como Prótesis, El señor Capone no está en casa, El día menos pensado o Barcelona Connection. El escritor está convencido de que el “libro en papel y el electrónico convivirán durante mucho tiempo”. “No son incompatibles, pero la digitalización garantiza una vida más larga y una mayor difusión”.

Artículo publicado en El País

Un consejo para cada público

El 18 de enero de 2001, Enrique Ventura nos regalaba una estupenda aportación a la Parida: los consejos para asesinos psicópatas.

A la hora de asesinar a alguien, nunca, mientras le apuntas con una pistola, le digas: ¡Te voy a matar! Eso conducirá a una reacción instintiva de huída. Hay que darle a elegir: ¡No te muevas o te mato! La víctima optará por quedarse inmóvil, y es más fácil acertar a alguien que está inmóvil que a alguien que corre despavorido. (Advertencia a los niños: Procurad no experimentarlo en casa.)

A lo que Silvia Adela Kohan, añadió que, como plagiar es divertido, también valía la pena aconsejar a las conquistadoras compulsivas:

A la hora de conquistar a alguien, nunca, mientras le apuntas con la mirada, le digas: ¡Me gustas! Eso conducirá a una reacción instintiva de huída. Hay que hacerle creer que él elige: tú o la infelicidad. La víctima optará por quedarse inmóvil, y es más fácil acertar a alguien que está inmóvil que a alguien que corre despavorido.

Y con los consejos de Jeroni Alsina para las campañas electorales de los partidos de derechas me despido.

Dicen:”No te muevas o acabo contigo (mis amigos del FMI, o de Bruselas se encargarán de aniquilarte)”. Naturalmente, nadie se mueve (¿por qué votar?). Sus cómplices sí que votan disciplinadamente (ahora toca votar, si es necesario tocará otro tipo de actuaciones más contundentes). “No os preocupéis, los niños ya tienen sus playstations, con fuego virtual”. ¿Por qué tienen tanto miedo de una socialdemocracia de pacotilla?

La foto de Andreu Martín

Visto en La Vanguardia del 11 de enero:

La imagen, que pertenece a la sección “La foto del lector”, tenía por título “Por suerte, una señal aquí inexistente” e iba acompañada con el siguiente texto:

Andreu Martín tomó esta foto en una calle de Yonkers (Nueva York). “Drugs free, school zone (zone lliure de drogues, zona escolar). El més sorprenent és: a la resta de la ciutat està permés? M’esgarrifa com tracte aquests temes als EUA, tan directament com per fer senyals així. Quina sort tenim a Catalunya que això de les drogues no s’ha fet quelcom tan habitual o quotidià”.

Tengo que puntualizar que el Andreu Martín en cuestión no soy yo, pero la imagen es fantástica.

Cargad las pilas este fin de semana, ¡porque el lunes empieza la BCNegra!

Una ànima negra

Nois, aquestes coses em fan molta vergonya, però aquests dies és el que toca.
Dilluns vaig ser al programa Ànima, del canal 33, per parlar del premi Pepe Carvalho i la BCNegra. Us deixo el qüestionari que em va fer en Toni Puntí.

Nom: Andreu Martín
Edat: 61
Lloc de naixement: Barcelona
Un lloc per viure: Barcelona
Quina altra vida t’agradaria viure? La d’un metge.
Un escriptor/a model? A aquestes alçades, per sort, el meu model sóc jo mateix.
Una novel.la que t’hagués agradat escriure: L’espia que va sortir del fred, de John Le Carré.
Una llibreria de capçalera: Negra i criminal, a la Barceloneta.
La millor pel·lícula “negra”? És molt difícil dir-ne només una. Chinatown, de Roman Polanski, Fargo, Pulp Fiction, Sexy Beast, Seven, Nueve Reinas… I segur que me’n deixo. No acabaríem mai.
Una banda sonora per una història “negra”: el disc Noir, de Dani Nel·lo, especialment el Mr. Yo o Night Train, per citar un clàssic.
Un programa de televisió? La sèrie Los Vengadores, amb Emma Peel.
Amb qui sortiries a sopar? Amb amics.
Una injustícia cultural? El menyspreu de la novel·la policíaca (o negra).
Què et desanima? El triomf de l’ “economia de mercat”.
Què t’anima? El bon ambient a casa.

Us deixo l’enllaç, per si voleu veure l’entrevista, o fins i tot descarregar-la (legalment, eh?).

El chiste de Fraga

Abro la televisión y me encuentro a Manuel Fraga, el ministro de Franco, de patatantos años, hecho una momia y contando un chiste (!), que dice así:

“En una playa hay una sueca con un bikini. Se le acerca un policia y le dice:
– Señorita, en las playas españolas hay que tomar el sol con banyadores de una pieza.
Y ella responde:
– ¿Cuál de las dos quiere que me quite?”

No sabía si reir o llorar.

Danzad, danzad malditos

Nunca le podré agradecer lo suficiente a Verónica Vila-San Juan el darme a conocer este video. Reune, como si fuera uno solo, fragmentos de quarenta películas al ritmo de Footlose.

¡No me canso de mirarlo!

Títeres y artistas zurdos

A raíz del video en que los Teleñecos -también conocidos como Muppets- parodiaban el videoclip de Bohemian Rhapsody de Queen, surgió en la parida una interesante conversación.

La inició Enrique de Hériz, que nos dejó intrigados con la siguiente pregunta: ¿cómo se sabe que el diseñador de las marionetas de Bohemian Rhapsody era zurdo?

Algunos, como Xavier Santamaría, que es zurdo, contestaron la que la mayoría de guitarristas lo son, pero Enrique nos resolvió la duda.

Según él, el guitarrista y el bajo de Queen son diestros, mientras que en el video, los Muppets son zurdos. O, por lo menos, cogen el instrumento como tales (“al revés”, desde una óptica diestrocéntrica).

Pero el debate entre zurdos y diestros continuó, y Marc Recasens nos contó una anéctota sobre Jim Henson, el creador de los Teleñecos.
Henson era zurdo, y circula un rumor que dice que había querido crear un mundo donde los personajes fueran todos zurdos.

Es falso. Controlar la cabeza de un títere requiere bastante esfuerzo, por lo que se le dedica la mano más hábil. Siendo zurdo, Jim Henson tenía que dedicar la mano izquierda a la cabeza, y sólo le quedaría la derecha para controlar el brazo, así que sus muñecos serían diestros.

Por el contrario, como la mayoría de titiriteros son diestros, dedican la mano derecha a la cabeza y eso hace que la mayoría de sus criaturas sean zurdas.

Pero todo esto, añade Marc, carecería de importancia si Jim Henson hubiera tenido un tercer brazo. Entonces, habría podido usar la técnica del actor Joan Carreras en la obra de teatro El buñuelo de Hamlet, dejando las manos libres para otros menesteres.

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