Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

Lucas – Biopic –

LUCAS

ACTOR 1.- Lucas.
ACTOR 2.- Stoneway.
ACTRIZ 1.- Mary Lou.
ACTOR 3.- Tom.
ACTOR 4.- Jerry. / Ryan. / Harry Callahan.
ACTRIZ 2.- Dorry. / Jano Lipkiss.
ACTRIZ 3.- Señorita Good. / Juez.
ACTOR 5.- Fiscal. / Oftalmólogo.
ACTRIZ 4.- Periodista 1 / Obrero 2.
ACTOR 6.- Periodista 2. / Obrero 1./ Cámara.
ACTRIZ 5.- Periodista 3. / Obrero 3. / Maquilladora.

ESCENA 1 (Lucas, Tom, Jerry.)

(1983. El despacho del sheriff de un pequeño pueblo del Profundo Sur de EE UU. Tejas. Es verano, hace mucho calor y el sudor pone manchas oscuras a los sobacos de la gente.
A la izquierda, la puerta que da a la calle. Al fondo, una escalera que conduce al domicilio del sheriff. A la derecha, la celda ocupa una tercera parte del escenario. Una reja la separa del despacho. En la celda, un lavabo, la taza del wáter y un catre. En el despacho, el escritorio, una antigua estufa de leña, un perchero, el viejo teletipo, etc.)
(Tom, con uniforme y placa de ayudante del sheriff, se dirige al público:)

TOM: Esta historia que ahora veréis se parece mucho a la de un individuo llamado Henry Lee Lucas, que se hizo famoso en los Estados Unidos de los años 80. En realidad, todo lo que le ocurre a nuestro Lucas es exactamente el que le ocurrió al que nos ha servido de modelo. Lo único imaginario son los personajes que hemos puesto a su alrededor, que es posible pero no probable, o quizá probable pero no imposible. Henry Lee Lucas nació el 23 de agosto de 1936 en el condado de Montgomery, estado de Virginia. Cuando lo detuvieron, en 1983, tenía 47 años.

(Tom y Jerry, que también es ayudante del sheriff, entran de la calle empujando a Lucas. Este es un indigente barbudo, desmelenado y sucio, con un parche negro en el ojo izquierdo, y va vestido con harapos de color indefinido. Viene esposado y los otros le tratan con muy pocos miramientos. A golpes y empujones le hacen atravesar el decorado desde la puerta de la calle hasta la celda.)

TOM: Pasa.

LUCAS: Por favor, por favor.

TOM: ¡Pasa, coño!

LUCAS: No, por favor, yo no he hecho nada.

TOM: Entra.

(Tom le mete en la celda de un empujón.)

LUCAS: ¡Ay! ¡No me peguéis! ¡No me encerréis!

TOM: (Le encierra con llave.)
Calla. (A Jerry:) Ve a llamar al sheriff Stoneway.

(Jerry se va escaleras arriba.)

LUCAS: No he hecho nada, soy inocente, ¡no he matado a nadie!
(Pasa las manos entre los barrotes. Tom le quita las esposas mientras hablan.)
¿Cómo podéis decir que yo he matado a Dorry? ¡Si ella es como mi hermana, mi hija, mi mujer, mi amante! No sabía nada del incendio de la casa de la señorita Good. La dejamos tan tranquila. Escuchad: Dorry se fue, dijo que me abandonaba, que no quería saber nada más de mí…

TOM: Y la atrapaste y la mataste

LUCAS: ¡No, señor! Corrí tras ella, pero llegó a la gasolinera antes de que yo, y montó en un camión y huyó. Iban hacia el Norte, hacia Indiana. ¡No le gustaba que yo me hubiera vuelto tan religioso…!

TOM: No me vas a engañar, Lucas. He visto cómo reaccionabas cuando te he dicho que la señorita Good estaba muerta. Ni siquiera has llorado. Te he dicho que la señorita Good había muerto y sólo has dicho «Yo no la he matado».

LUCAS: ¡Es que no la he matado!

TOM: Ni una lágrima, ni una sorpresa… Nada!

LUCAS: (Llora.) Es que aún estoy en estado de shock. No salgo de mi asombro. La señorita Good muerta… ¡Dios mío! ¡Es imposible!

TOM: Ya es demasiado tarde para llorar.
(Tom ha encontrado un montón de papeles del teletipo sobre la mesa. Los coge.)
Hemos pedido tus antecedentes y, mira, ya han llegado. Estoy seguro de que nos espera alguna sorpresa…

LUCAS: ¿Mis antecedentes?

TOM: Sí, y parece que es una lista larga…

LUCAS: Bueno, aquí solo encontraréis que maté a mi madre.

TOM: ¿Que mataste a quién?

LUCAS: A mi madre…

TOM: ¿Que mataste a tu madre?

LUCAS: Sí, maté a mi madre, pero nada más. Y ya he cumplido. Cumplí condena…

TOM: ¡Por Dios! ¿Dices que mataste tu madre?

LUCAS: Nueve años en la cárcel de Michigan. Ya estoy en paz con la sociedad…

TOM: ¿Uno que mata a su madre puede ponerse en paz con la sociedad alguna vez? ¿Y contigo mismo, te has puesto en paz?

LUCAS: Mi madre me pegaba unas palizas horribles. Más de una vez me dejó por muerto. Mira este ojo. Casi no veo con él porque ella me clavó un palo de escoba. Otro día, me clavó un clavo en la cabeza. ¡Un clavo en la cabeza! Mira, no te engaño. Decía que tenía accidentes, pero era ella quien me torturaba. Y me obligaba a mirar cuando follaba con tíos asquerosos. Y también maltrataba a mi padre, mi padre no tenía piernas… ¡Fue en defensa propia!

ESCENA 2 (Lucas, Stoneway, Tom, Jerry.)

(Por la escalera, procedentes del piso de arriba, bajan Jerry y el sheriff Stoneway. Éste es alto, corpulento y decidido.)

STONEWAY: Lucas Lee.

LUCAS: ¡Yo no he hecho nada, sheriff!

TOM: (Leyendo las hojas del teletipo.)
Han llegado sus antecedentes. Y dice que mató a su madre. Y él lo reconoce.

LUCAS: ¡Me vestía de niña!

STONEWAY: ¿Dónde le habéis encontrado?

TOM: (Sin levantar los ojos de los folios, que parece que le interesan mucho.)
Por la carretera de Pineville, cerca de la frontera del estado.

STONEWAY: ¿Iba solo?

TOM: Sí.

STONEWAY: ¿Y la pequeña Dorry?

TOM: Dice que no sabe dónde está. Mire sus antecedentes, sheriff. Aquí habla de una tal Dorothy Groover…

STONEWAY: Dorry. La pequeña Dorry. ¿Qué le has hecho a Dorry, cabrón?

TOM: Lucas Lee la ayudó a huir de un reformatorio de Bartow, Florida, hace dos años. Se les vio robando gasolineras juntos…

STONEWAY: ¿Robando gasolineras juntos?

LUCAS: Es mentira, sheriff, es mentira. Todo mentira.

STONEWAY: ¿Llevabas a la pequeña Dorry a robar gasolineras, degenerado?

TOM: O sea, complicidad en la fuga ilegal de una menor, corrupción de menores, robo…

STONEWAY: Y ahora ha matado a la señorita Good.

LUCAS: ¡No es verdad!

STONEWAY: (Se acerca a la celda con las llaves en la mano.)
Y luego incendiaste la casa para ocultar el crimen.

(El sheriff abre la celda. Lucas se encarama al catre para mantenerse tan lejos de él como sea posible.)

LUCAS: ¡No!

TOM: Y lo hemos encontrado sin la chica, de manera que me temo que también habrá matado a la pequeña Dorry.

(El sheriff agarra a Lucas de la ropa y lo tira al suelo. Es mucho más grande y corpulento que él. Se le echa encima y empieza a pegarle una paliza terrible. Primero, con los puños. Luego, se pone en pie y continúa a puntapiés.)

STONEWAY: ¡Has matado a la señorita Good! Ella te acogió en su casa, te dio comer, ropa, trabajo, dinero, ¡te quería! ¡Nos engañaste a todos con tus discursos de pecador!

LUCAS: ¡Soy un pecador, sheriff!

STONEWAY: ¡Eres un asesino despiadado, cabrón! ¡Un demonio! ¡Un monstruo!

(Tom y Jerry contemplan la paliza con indiferencia.)

JERRY: El sheriff es un pedazo de pan.

TOM: Cómo quería a la señorita Good.

JERRY: Y a Lucas. También quiere a Lucas. Si ahora le pega, es por su bien…

TOM: Es tan humano.

STONEWAY: ¡Hijo de puta, cabrón!

TOM: ¿Te has fijado? Está llorando.

JERRY: Es un pedazo de pan.

TOM: ¿Que te parece? ¿Lo paramos antes de que lo mate?

(Tom y Jerry entran en la celda y agarran a Stoneway por los brazos. Lo sacan de la celda. Lucas se queda acurrucado en el suelo, inmóvil.)

JERRY: Basta, sheriff, basta, ¡no cometa un disparate!

STONEWAY: Tranquilos, tranquilos. Estoy bien.

TOM: (Cerrando la celda con llave.)
El chico ya lo habrá entendido.

STONEWAY: Soltadme. Estoy bien.

TOM: Suba a su casa, con su familia. Tranquilo.

JERRY: Vamos, vamos…

STONEWAY: Es un criminal, un asesino… (Dirigiéndose a Lucas, que permanece inconsciente:) ¡Eres un criminal y un asesino, y yo me encargaré a que te llenen las venas de cianuro, Lucas…!

TOM: (A Jerry:)
Yo me quedaré aquí. Hoy me toca el turno de noche. Tú acompáñalo arriba.

JERRY: Venga conmigo, sheriff.

(Jerry conduce a Stoneway hasta la escalera. Suben hacia el piso de arriba.)

STONEWAY: Ha matado a la señorita Good.

JERRY: Tranquilo, sheriff, tranquilo.

STONEWAY: Y a la pequeña Dorry.

JERRY: No piense en eso ahora.

(Desaparecen hacia arriba. Tom se sienta en la butaca giratoria y pone los pies sobre la mesa.
Se apagan las luces.)

ESCENA 3 (Lucas, Dorry, Señorita Good. Tom, que duerme.)

(En plena noche, en la penumbra, Lucas se despierta. Se incorpora despacio, aturdido y dolorido.
En el camastro, está Dorry, que aparece bajo la manta cuando la aparta para invitar a Lucas a que se eche a su lado.
Dorry es apenas una adolescente, pequeña y delgada, con los ojos y labios pintados, y sólo viste sujetador y bragas.)

DORRY: Vuelve a la cama, papi. Ven, que te voy a comer.

LUCAS: No.

DORRY: (Sale de la cama.)
Ven. Juguemos a los antropófagos. Yo soy la princesa antropófaga, y te voy a comer.

LUCAS: No, Dorry, no. No digas eso. Basta ya. Calla. Duerme.

DORRY: Llámame princesa, Lucas. Princesita.

LUCAS: No, no, princesa no.

DORRY: ¿Tienes miedo, papi?

LUCAS: Eso no se hace. Las niñas no se comen a los papis.

DORRY: Son los papis quienes se comen a las niñas, ¿verdad? Pero tú me enseñaste el juego.

SEÑORITA GOOD: O sea, que tú le enseñaste el juego.

(Descubrimos ahora, en el despacho donde duerme Tom, ignorante de todo, un volumen informe, que nos puede hacer pensar en una mujer vieja acurrucada y vestida de negro. Es la señorita Good.)

LUCAS: ¡Yo no le enseñé ningún juego!

SEÑORITA GOOD: Tú la enseñaste a robar.

LUCAS: Ella venía conmigo, que no es el mismo. No podía dejarla sola en casa. Me pedía que le comprara vestidos de mujer, ¡ropa sexy, decía! ¡A su edad! Las niñas de su edad no usan ropa sexy…

DORRY: No hagas caso a la vieja bruja, papi.

LUCAS: Calla.

DORRY: A ti te gusta que te coma, papi.

SEÑORITA GOOD: Como ibas acompañado de la niña, los vendedores no desconfiaban de ti, y te abrían las puertas…

DORRY: Ven con tu princesa.

LUCAS: ¡Yo no la enseñé a robar!

SEÑORITA GOOD: Ella veía cómo lo hacías y le parecía que no era malo.

DORRY: Tu princesa salvaje y antropófaga. Que te va a comer poco a poco. ¿Por dónde quieres que empiece, papi?

(Se enciende una luz en el fondo de las tinieblas y se va haciendo más intensa y más intensa hasta volverse deslumbrante.)

LUCAS: ¿Qué es esa luz?

SEÑORITA GOOD: Es el fin que se acerca, Lucas. Es la muerte.

LUCAS: No.

SEÑORITA GOOD: Es la luz negra. La luz de las llamas del infierno eterno.

(Se oye un tic-tac de fondo cada vez más fuerte, insistente y obsesivo.)

LUCAS: ¿Qué es este ruido? ¿Qué es este tic-tac?

SEÑORITA GOOD: Son los segundos que pasan, Lucas. Los segundos que te separan del infierno. Cada tic es un segundo que pasa, cada tac es un segundo que pierdes. Confiesa tus pecados, Lucas, y callará.

LUCAS: No, por favor, señorita Good… ¡Usted sabe que me reformé!

SEÑORITA GOOD: No me llames señorita Good. Llámame mamá.

LUCAS: ¡No!

DORRY: Llámame princesa, Lucas.

LUCAS: No, no, no, princesa no.

SEÑORITA GOOD: Llámame mamá.

LUCAS: No, no puedo llamarte mamá.

SEÑORITA GOOD: Sí puedes.

LUCAS: Porque no lo eres.

SEÑORITA GOOD: ¿Como llamabas a tu mamá?

LUCAS: No la llamaba de ninguna manera. No tuve.

SEÑORITA GOOD: Todo el mundo tiene mamá. Y tú mataste a la tuya. Mira las llamas del infierno eterno, Lucas. Mira la luz negra. Escucha los segundos que pasan, Lucas. Los demonios ya vienen a buscarte. ¿Cómo llamabas a tu mamá?

LUCAS: ¡Parad esos segundos!

SEÑORITA GOOD: Confiesa tus pecados y parará el tic-tac, Lucas.

LUCAS: No tengo nada que confesar. Ya lo he contado todo.

SEÑORITA GOOD: Empieza diciendo que mataste a tu mamá.

LUCAS: ¡Ya lo he dicho!

SEÑORITA GOOD: Y continúa con las otras.

LUCAS: ¿Qué otras?

SEÑORITA GOOD: Tus princesas.

DORRY: Llámame princesa, papi.

LUCAS: ¡No hay ninguna otra princesa! ¡Todas son mi madre!

SEÑORITA GOOD: ¿Ves cómo puedes decir madre?

LUCAS: ¡No era mi madre! ¡Las madres no son así!

SEÑORITA GOOD: ¿Cómo era tu madre, Lucas?

LUCAS: ¡Tenía colmillos y garras!

DORRY: Esta señorita Good también tiene colmillos y garras.

LUCAS: ¡Me sacó un ojo!

DORRY: La señorita Good también te puede sacar un ojo.

LUCAS: ¡Mató mi perrito!

SEÑORITA GOOD: Los hombres te matarán una vez con la inyección letal, y en el infierno te matarán mil de veces, Lucas.

LUCAS: ¡Me clavó un clavo en la cabeza!

SEÑORITA GOOD: En el infierno te clavarán clavos en los ojos.

LUCAS: ¡Follaba con hombres asquerosos!

DORRY: Yo también follo, Lucas. Soy tu princesita, ¿recuerdas?

LUCAS: ¡No!

SEÑORITA GOOD: ¿Cómo llamabas a tu madre?

LUCAS: ¡Por su nombre! ¡Apagad esa luz!

SEÑORITA GOOD: ¿Cómo?

LUCAS: ¡Viola! ¡Se llamaba Viola! ¡Se llamaba Viola Dison Lee! La llamaba Viola porque no era mi madre, porque las madres no son así…

SEÑORITA GOOD: Pues llámame Viola.

DORRY: Llámame princesa, Lucas.

LUCAS: ¡No! ¡No, no, no!

SEÑORITA GOOD: ¿Por qué no?

LUCAS: Porque no puedo.

SEÑORITA GOOD: ¿Por qué no puedes?

LUCAS: ¡Apagad esa luz! ¡Que pare el tic-tac!

SEÑORITA GOOD: Confiesa tus pecados, Lucas. Libera tu conciencia. Si lo haces, acabará esta tortura, Lucas. Volverás a ser un niño, volverás a empezar, tendrás una segunda oportunidad.

LUCAS: ¡Me matarán! Se van a enfadar conmigo, me juzgarán, me condenarán a muerte…

SEÑORITA GOOD: Ya estás condenado a muerte, Lucas. Todos estamos condenados a muerte.

LUCAS: ¡Por favor! ¡Apagad la luz!

SEÑORITA GOOD: ¡Confiesa tus pecados!

LUCAS: ¡Que calle el tic-tac!

SEÑORITA GOOD: ¡Confiesa, Lucas!

LUCAS: ¡No me da la gana!

(De repente, la señorita Good, que ha permanecido todo el rato acurrucada y quieta, como un bulto oscuro en medio del despacho, se incorpora y resulta ser una persona altísima, negra, y extiende unas grandes alas de murciélago.
Lucas chilla de pavor y retrocede, alejándose tanto como puede de esa aparición infernal. Dorry se ríe con chillidos de rata. Y la figura diabólica de la señorita Good llega hasta los barrotes y alarga la mano para atraparlo.
Mientras la señorita Good habla, feroz, Lucas no deja de gritar como un poseso.)

SEÑORITA GOOD: ¡Ya estás condenado a muerte, imbécil! ¡Ya eres carne putrefacta! ¡Ya eres pasto de gusanos! Tienes un pie en el infierno, desgraciado. Eres un imbécil, desgraciado hijo de puta, Lucas. ¡No cierres los ojos! ¿Crees que, si cierras los ojos, desaparecerá la luz negra? ¿Crees que cerrando los oídos dejarán de correr los segundos que te quedan de vida?

ESCENA 4 (Lucas, Tom, Stoneway, Mary Lou.)

(Todo este alboroto despierta a Tom que dormía, y en la escalera aparecen Stoneway y su bonita hija Mary Lou. Alguien enciende las luces.
Entonces, automáticamente, se apaga la luz que nos deslumbraba, cesa el tic-tac que nos aturdía, y la diabólica señorita Good y Dorry desaparecen de escena.
Sólo queda un Lucas pegado a la pared y gritando, muerto de miedo.)

STONEWAY: ¡Basta! ¿Qué coño pasa aquí?

TOM: ¡No lo sé, sheriff! ¡De repente, se ha puesto a gritar!

LUCAS: ¡La luz negra, el infierno, la muerte!

STONEWAY: ¿La luz negra?
(Se acerca a las rejas de la celda.)
¡Escucha, hijoputa! Como vuelvas a sacarme de la cama, te juro que te mataré. Te mataré y puedes estar seguro de que cualquier jurado me absolverá, incluso me felicitará. ¡Carroña!

LUCAS: Perdón, perdón.

TOM: Me ha parecido que decía que quería confesar, sheriff.

STONEWAY: ¿Tú no tendrías que estar haciendo tu ronda, Tom?

TOM: Oh, sí, sheriff. Ahora iba a hacerlo. (Saca unas llaves de coche del cajón del escritorio.)

STONEWAY: ¿Quieres confesar, Lucas?

LUCAS: Quiero… un abogado.

STONEWAY: Ahora no tenemos ningún abogado aquí.

LUCAS: ¡Tengo derecho a un abogado!

MARY LOU: Yo soy abogada, padre…

STONEWAY: ¡Vete arriba!

MARY LOU: ¡Soy abogada, padre! Y es verdad que este hombre tiene derecho a un abogado.

STONEWAY: ¿Ahora quieres defender a este asesino?

MARY LOU: Existe la presunción de inocencia, padre. Además, dice que quiere confesar.

STONEWAY: Si confiesa, no hay presunción de inocencia que valga. Quiero que me diga que mató a la señorita Good, y punto. Que lo ponga por escrito, yo se lo daré al fiscal, el fiscal lo acusará ante un juez y lo mataremos, y con mucho gusto lo enviaremos al infierno. Así es como yo veo las cosas. ¡Y ahora todo el mundo a dormir! Todo el mundo, ¿me has oído, Lucas Lee?

LUCAS: Sí, señor.

STONEWAY: (a Tom:) ¡Tú, a tu ronda!

TOM: Sí, sheriff.

STONEWAY: (a Mary Lou:) ¡Y tú, a tu cuarto!

MARY LOU: ¿Qué querría decir con eso de que había visto la luz negra?

STONEWAY: ¡Que pases para arriba, coño!

(Vuelven a apagar las luces. Stoneway y Mary Lou se van escaleras arriba. Tom sale a la calle.
Lucas, tembloroso y atemorizado, vuelve al catre. Se tapa con la manta.
En la penumbra, corretea Dorry y se mueve pesada la sombra negra, pavorosa, de la señorita Good.)

ESCENA 5 (Mary Lou, Lucas, señorita Good y Dorry.)

(En la penumbra, iluminándose con una linterna, Mary Lou baja las escaleras con una bandeja donde lleva un plato con una milanesa con pimientos y un vaso de agua.
Se acerca a la reja.)

MARY LOU: Lucas…

(Lucas se despierta. Se incorpora.)

MARY LOU: Te he traído un poco de comida…

LUCAS: Gracias.

(Él se acerca a la reja, acepta el plato. Se sienta para comer. Mary Lou coge una silla y se sienta cerca de la reja.)

MARY LOU: He pensado que a lo mejor…

LUCAS: Gracias, gracias.

(La señorita Good y Dorry continúan en el escenario, como dos sombras inquietas y perturbadoras. Ahora, sin embargo, la señorita Good ha perdido aquellas alas y aquel volumen inmenso de monstruo y es la mujer vieja acurrucada y vestida de negro que parecía.)

DORRY: ¿Qué quiere, ahora, ésta?

MARY LOU: Un poco de carne empanada y un pimiento. Lo que he encontrado en la nevera.

LUCAS: (Va comiendo.) Está muy bien, gracias.

DORRY: Cuidado, Lucas, que ésta te quiere comer.

MARY LOU: He pensado que a lo mejor te gustaría hablar un poco. Tienes que perdonar a mi padre. Es un hombre muy recto y noble y quería mucho a la señorita Good.

LUCAS: Lo sé. Todo el mundo quería a la señorita Good.

DORRY: Te puede comer. Le da igual si te está alimentando como si no.

MARY LOU: En realidad, a ti también te quiere mucho. Si te ha pegado, ha siado por tu bien.

LUCAS: No lo dudo.

MARY LOU: Admira mucho tus sermones dominicales.

LUCAS: ¿Ah, sí? Pero yo no soy predicador…

MARY LOU: «Conozco tus obras y sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!»

LUCAS: Es del Apocalipsis.

MARY LOU: ¿Es…?

LUCAS: ¿Sí?

MARY LOU: ¿Es verdad…?

LUCAS: Sí: del Apocalipsis de San Juan. Carta a la iglesia de Laodicea.

MARY LOU: No, no, quiero decir: perdona pero, ¿es verdad que mataste a tu madre?

LUCAS: Yo no tuve madre.

MARY LOU: ¿Ah, no?

LUCAS: Yo soy un héroe, señorita.

DORRY: ¡Oh, no! Ahora, le contará la historia de las dragonas.

MARY LOU: ¿Un héroe?

LUCAS: ¿No sabe lo que es un héroe? Un héroe es el hijo de una diosa y un humano.

MARY LOU: ¿Tu madre fue una diosa?

LUCAS: Y mi padre, humano. Era tan humano que no tenía piernas. Se las cortó el tren antes de que yo naciera. Fíjese si era humano.

MARY LOU: Oh, cuánto lo siento. Y tu madre, una diosa. Pero entonces sí tuviste madre. En realidad, para sus hijos, las madres siempre son como diosas, ¿no te parece?

LUCAS: A las diosas, el término de madre no les sienta bien. Son algo completamente distinto. Casi contradictorio. No, madre no. Sólo se les puede llamar diosas.

MARY LOU: Pero una diosa…

LUCAS: Las diosas no se mueven por los mismos motores que las mujeres, esposas y madres. La mía era del género Dragona.

DORRY: ¿Ves cómo te lo he dicho?

MARY LOU: ¿Dragona?

SEÑORITA GOOD: Todo lo confunde. En el Apocalipsis, la mujer es una cosa y el dragón otra.

LUCAS: Hay muchas, por el mundo. El mundo está lleno, de dragonas.

SEÑORITA GOOD: La mujer va vestida de sol y tiene la luna a los pies y doce estrellas en la cabeza.

LUCAS: Ella me lo enseñó. Por ejemplo, me enseñó que la muerte siempre gana. ¿Verdad que las madres no suelen enseñan esas cosas a sus hijos?

MARY LOU: No.

SEÑORITA GOOD: El dragón es rojo y tiene siete cabezas y diez cuernos.

LUCAS: No. Únicamente lo hacen las dragonas.

SEÑORITA GOOD: Una cosa es la mujer y otra es el dragón. Lo mezcla todo.

LUCAS: Todo lo que quieres se muere. Eso es lo que me enseñó. Yo quería mucho a un perrito que encontré en la calle. Era un perrito pequeño, de pocos días. Me lo llevé a casa, le alimenté con leche. Ella lo mató.

MARY LOU: ¡Oh, no!

SEÑORITA GOOD: Es un imbécil. No sé cómo nos pudo engañar.

DORRY: Y ella se lo traga. Mira cómo se lo traga.

SEÑORITA GOOD: Se lo tragan, siempre se lo tragan.

LUCAS: Para que viese que era verdad, que la muerte siempre gana. Y desde entonces, yo he hecho lo mismo: he destruido todo aquello que me ha gustado o he querido.

MARY LOU: Lo siento, Lucas. Ahora entiendo que hables de esta manera.

LUCAS: Las dragonas hacen cosas así. Me hacía comer en el suelo, como un perro, y masticaba tabaco, y me sacó este ojo con el palo de la escoba, y me obligaba a destilar alcohol ilegal, y me obligaba a beber y me clavó un clavo en la cabeza y me enseñó a robar.

SEÑORITA GOOD: No deberías hablar así de tu madre.

LUCAS: Un día, se me apareció rodeada de luz negra…

DORRY: ¡Mira con qué sale, ahora! ¡Con la luz negra!

LUCAS:… Y me dijo: «Hoy es el último día, es el día de la Revelación». Entonces, supe que yo era un héroe.

MARY LOU: Oh, vamos.

LUCAS: Un caballero, como los del Rey Arturo.

MARY LOU: (Admirada:) Tienes tanta imaginación…

LUCAS: Y mi misión consiste en ir por el mundo matando dragonas.

MARY LOU: ¿Matando dragonas?

LUCAS: Sí: igual como las princesas tienen que ir por el mundo besando a los sapos, los héroes tenemos que matar dragonas. Son fáciles de reconocer: tienen el cabello largo y dos tetas, y siempre están espatarradas, así, esperando que les claves la lanza. Porque yo llevo una lanza, ¿sabes? Ah, sí, todos los héroes llevamos una. La llevamos escondida, para no gritar la atención, porque es una lanza plegable, ¿sabes? Pero, cuando la despleguemos… Bueno, cuando me encuentro con una dragona, es lo que tengo que hacer. Despliego la lanza, que se hace larga larga y puntiaguda, y la clavo en la dragona. Enseguida, hay un estallido de sangre, un estallido rojo, como una rosa roja y, si hay suerte, entonces la dragona se convierte en princesa. Igual como los sapos se convierten en príncipes, las dragonas se transforman en princesas.

SEÑORITA GOOD: Ahora le dirá: «Pero no se preocupe…»

LUCAS: Pero no se preocupe…

LUCAS y DORRY y SEÑORITA GOOD: (Simultáneamente) … Enseguida he visto que usted no era una dragona.

SEÑORITA GOOD: ¡Ja, ja, ja, lo ves?

LUCAS: … Usted nació directamente como princesa.

MARY LOU: Tendrías que dedicarte a la literatura, Lucas. Es un cuento muy… imaginativo.

DORRY: No es un cuento, no, idiota.

SEÑORITA GOOD: No ha entendido nada, esa boba.

MARY LOU: Supongo que te resulta muy difícil contar lo que pasó con tu madre.

LUCAS: No, no me resulta tan difícil. Me estaba pegando escobazos porque decía que yo había violado a mi hermana pequeña y le respondí. Le di un golpe así, con la mano. Cayó al suelo, chorreando sangre y entonces me di cuenta de que yo tenía un cuchillo en la mano. Ya estaba muerta. Cogí el coche y conduje hasta Virginia. Después, se me ocurrió que tenía que entregarme a la policía y lo hice en Toledo, Ohio. No es difícil hablar, si recuerdas que era una dragona. Cumplí condena en una prisión de Michigan.

MARY LOU: Oh, Tom debe de estar a punto de regresar de su ronda. Tengo que irme.

LUCAS: (Le devuelve el plato.) Todo ha estado muy bueno, señorita…

MARY LOU: Mary Lou.

LUCAS: Señorita Mary Lou. No la había visto nunca por la Congregación de la Señorita Good.

MARY LOU: No. Yo iba a la iglesia del pueblo.

LUCAS: Celebro haberla conocido, señorita Mary Lou. Es usted una gran persona.

MARY LOU: Buenas noches, Lucas. Hasta mañana.

(Mary Lou devuelve la silla adonde estaba, y se va escaleras arriba con el plato.
Dorry y la señorita Good se ríen como ratitas.)

LUCAS: ¿Queréis callar de una vez? ¡Moscones, que sois unos moscones!

(Ellas continúan riendo, Lucas se mete en la cama y, cuando Mary Lou y su linterna desaparecen escaleras arriba, se hace la oscuridad más absoluta.)

ESCENA 6 (Lucas, Jerry.)

(De repente, se hace de día. Entra claridad por la ventana.
Se abre la puerta de la calle y por ella entra JERRY con una bandeja del bar de al lado donde lleva un desayuno no muy generoso. Se dirige a las rejas de la celda.)

JERRY: Buenos días, Lucas. El desayuno, que debes de tener hambre.

(Lucas se levanta del catre.)

LUCAS: Buenos días… ¿Tom? ¿Te llamas Tom?

JERRY: No, Tom es el otro, el que ha hecho el turno de noche. Yo soy Jerry. (Le da el desayuno. Lucas desayuna.)
He estado leyendo tus antecedentes. Estás perdido, Lucas.

LUCAS: ¿Ah, sí? ¿Has encontrado algo peor que matar a mi madre?

JERRY: El crimen de tu madre es impresionante por calidad. Pero ya no podemos acusarte por él, porque cumplíste los años de cárcel que te correspondían.
(Coge los papeles del teletipo.)
El resto son delitos en cantidad, morralla, poca cosa, pero suficientes como para llevarte al trullo una buena temporada. Después de que saliste de la prisión de Michigan, sabemos que en Oklahoma robaste un camión de televisores que, después, vendiste en Amarillo. Y te buscan por robos en Alabama, Misisipi, Louisiana y Tejas. Y fuiste detenido por la violación de una menor y escapaste.

LUCAS: Aleluya, hermano. Todo eso ha pasado, ha quedado atrás. Soy un hombre que huye de su pasado. Un clásico.

JERRY: Más: complicidad de huida ilegal de una menor y corrupción de menores porque se sabe que la niña te ayudaba en tus robos. Sólo eso ya es un crimen federal y te puede costar quince años.

LUCAS: Todo eso no os va a servir de nada si le digo al juez que no habéis respetado mi habeas corpus. No habéis puesto un abogado a mi disposición.

JERRY: Sí, y el juez hará mucho caso a un mierda como tú.

LUCAS: Ayer oí que la señorita Mary Lou, la hija del sheriff, es abogada, ¿verdad?

JERRY: No te hagas ilusiones. Hemos pedido que nos envíen un abogado de oficio desde Montague y no puede tardar en llegar. No podía llegar antes.

LUCAS: ¿Y si yo quisiera que me representase la señorita Mary Lou?

JERRY: Quítatelo de la cabeza.

LUCAS: Si me aconsejara ella, yo confesaría el cien por cien de lo que he hecho.

JERRY: Nunca te la podrías pagar. Y el sheriff Stoneway no lo permitiría.

LUCAS: Se lo confesaría todo. Las muertes de la señorita Good y la de la pequeña Dorry. Con todo detalle.

JERRY: Se lo diré al sheriff.

LUCAS: Pero tendría que enseñarme un pecho.

JERRY: ¿Qué?

LUCAS: Que tendría que enseñarme un pecho. Una teta.

JERRY: ¿Quién? ¿Mary Lou?

LUCAS: Sí. Una pequeña compensación. El sheriff Stoneway podrá colgarse un par de medallas gracias a mí. ¿Cuántos casos de asesinato ha resuelto en los últimos meses?

JERRY: Estás como una regadera.

ESCENA 7 (Lucas, Jerry, Stoneway, Mary Lou.)

(El sheriff Stoneway, que se acababa de levantar y de duchar, baja la escalera, procedente del piso de arriba.)

STONEWAY: Buenos días a todo el mundo.

JERRY: Buenos días, sheriff.

STONEWAY: (Se acerca a Lucas.) Ahora, subirás a mi casa para ducharte. Te he comprado ropa para que estés presentable delante del juez. Jerry…

(Jerry coge las llaves de la celda y la abre. Entretanto, Stoneway abre un armario y saca de él un fusil. Lucas sale. Stoneway entrega el fusil a Jerry.)

STONEWAY: No te equivoques. Si tratas de huir, Jerry disparará sin dudar.

JERRY: Me encantaría que trataras de huir, Lucas.

LUCAS: Estoy seguro.

JERRY: ¿Sabe qué me acaba de decir este desgraciado?

STONEWAY: Cualquier cosa.

JERRY: Que, si le representara su hija…

STONEWAY: ¿Mary Lou?

(Mary Lou ha aparecido en lo alto de la escalera, pero nadie se da cuenta de ello. Y, al oír que hablan de ella, se detiene para escuchar.)

JERRY: Sí, como abogada. Dice que le confesaría los asesinatos de la señorita Good y la pequeña Dorry. Con todo detalle.

STONEWAY: Con esto, está reconociendo que los ha cometido él. Bueno, es el primer paso. El segundo paso será confesarlo ante el fiscal y el juez.

JERRY: ¿Pero sabe qué dice? Que permitiría que su hija lo representara…

STONEWAY: ¿Que lo permitiría él?

JERRY: … Siempre y cuando su hija le enseñara un pecho.

STONEWAY: ¿Que le enseñara un qué?

JERRY: Un pecho. Una teta. Una mama. ¿Es así o no es así, Lucas?

STONEWAY: ¡Maldito hijo de puta!
(Agarra a Lucas de la pechera y le amenaza con un puñetazo. Lucas se encoge, acobardado.)
¿Quieres recibir otra?

LUCAS: ¡Sólo era una manera de hablar, sheriff!

STONEWAY: ¡Fuera de mi vista!
(Entonces, cuando van hacia la escalera, todos ven a Mary Lou.)
¿Qué haces tú ahí? ¡Quítate de en medio!

(Mary Lou baja la escalera rápidamente y Lucas y Jerry pasan escaleras arriba.)

ESCENA 8 (Mary Lou y Stoneway).

STONEWAY: ¿Has oído lo que ha dicho?

MARY LOU: Sí.

STONEWAY: Maldito hijo de puta asesino. ¿Cómo se atreve…?

MARY LOU: Bueno…

STONEWAY: ¿Bueno?

MARY LOU: Quiero decir que a lo mejor…

STONEWAY: ¿A lo mejor? ¿Qué estás diciendo?

MARY LOU: Si va a confesar todo con todo detalle…

STONEWAY: ¿Pero qué estás diciendo?

MARY LOU: Sólo es un pecho.

STONEWAY: ¡Pero Mary Lou!

MARY LOU: Y él es un pobre desgraciado que no lo va a contar a nadie. Y, si lo cuenta, nadie le creerá.

STONEWAY: ¿Te has vuelto loca?

MARY LOU: No tanto, padre. Te está ofreciendo resolver dos casos de asesinato muy importantes en la región. Resolverlos tú, con confesión y firmada y todo. No el fiscal, ni los polis de Homicidios de Montague, ni los señoritos de Dallas. Todo el mérito para ti. ¿Te imaginas lo que pensarían los ciudadanos de este pueblo, que tanto querían a la señorita Good? ¿Cómo te miraría el alcalde? ¿Quieres presentarte a la reelección de sheriff? ¿No crees que tú mismo podrías ser alcalde, algún día?

STONEWAY: Hay otras maneras de arrancarle la confesión.

MARY LOU: ¿A golpes? Ya has visto cómo ha reaccionado a la paliza de ayer. Tengo la sensación de que a este hombre los golpes ya no le hacen ningún daño. Los está recibiendo desde pequeño. Se ha acostumbrado. Padre: ponte tú la medalla. No la dejes para los otros. Y avisa a la prensa. Que lo publiquen los periódicos, que todo el mundo sepa que has sido tú quien ha resuelto los crímenes. Que lo sepa todo el país. Que ya va siendo hora: que has trabajado toda tu vida y nunca te han reconocido nada.

STONEWAY: Pero un pecho…

MARY LOU: ¡Un pecho, padre! Total… ¿Quién lo va a saber?

STONEWAY: ¿Pero no ves que sólo trata de humillarte? ¡De humillarnos! ¡Es un depravado!

MARY LOU: ¿Y quién lo va a saber? ¿Y, cuando le pongan la inyección letal, quién estará humillando a quién?

(Stoneway toma la determinación. Va al escritorio y, de un cajón, saca una grabadora. Se la da a Mary Lou.)

STONEWAY: Lo quiero grabado. Su propia voz confesándolo todo. Y tú tomas notas. Lo redactaremos tal como lo diga y lo firmará. Avísame cuando hayas terminado.

(Va a la puerta de la calle y la cierra con llave. Desaparece escaleras arriba.
Mary Lou se queda sola. Pone dos sillas delante de la reja. Sobre una de ellas, pone la grabadora. Comprueba si está bien en la otra.)

ESCENA 9 (Mary Lou, Lucas, Stoneway, Dorry y señorita Good.)

(Bajan Stoneway y Lucas. Éste viene limpio y aseado, bien peinado, la barba parece bien recortada. Los harapos sucios que vestía han sido sustituidos por una camisa blanca y unos vaqueros bien planchados. Tiene buen aspecto.
La pequeña Dorry y la señorita Good parlotean muy nerviosas mientras Stoneway conduce a Lucas hasta la celda, y lo mete dentro y la cierra.)

DORRY: ¿Ahora se lo vas a contar todo? ¿Me mataste porque yo decía que tenías que contarlo todo y ahora lo vas a contar tú? ¿Y de qué habrá servido matarme?

SEÑORITA GOOD: (Triste:) Quiere acabar de matarnos, ¿es que no lo ves? Quiere borrarnos definitivamente de su conciencia.

DORRY: Lucas, no lo hagas.

SEÑORITA GOOD: Te condenarán. Te matarán.

(Acto seguido, sin mirar a Mary Lou, Stoneway vuelve a escabullirse escaleras arriba y deja sola a su hija con Lucas.
Mary Lou prueba el funcionamiento del magnetófono bajo la mirada curiosa de Lucas.)

MARY LOU: Bueno, Lucas. He decidido enseñarte un seno.

LUCAS: ¿Un qué?

MARY LOU: Una teta.

DORRY: ¡Por un pecho, por el amor de Dios! ¿Te vas condenar por verle un pecho a esta boba?

LUCAS: Oh, no sabe cómo se lo agradecería, señorita Mary Lou. Me haría muy feliz, de verdad.

MARY LOU: Y tú me contarás cómo mataste a la señorita Good y la pequeña Dorry.

LUCAS: Le contaré toda la verdad.

SEÑORITA GOOD: De una vez, expulsará todo su pasado. Nosotras somos su pasado. Cuando se cuenta, el pasado deja de formar parte del alma para ser historia, cosa de los demás.

DORRY: ¡Por favor, Lucas, no!

MARY LOU: Lo grabaremos. Después, lo redactaré y lo firmarás.

LUCAS: Lo que usted diga.

MARY LOU: Me lo prometes.

LUCAS: Se lo prometo.

MARY LOU: Bueno…

(Mary Lou se desabrocha la blusa y libera un pecho del sujetador.)

LUCAS: Es precioso, señorita Mary Lou. Se lo juro. Es una delicia, con su pezoncillo, tan tieso…

MARY LOU: Gracias.

LUCAS: Es uno de los más bonitos que he visto, y créame que he visto muchos.

MARY LOU: ¿Ya está?

LUCAS: No, no lo esconda todavía. Manténgalo al descubierto mientras le cuento. Es muy… inspirador, ¿me entiende?

MARY LOU: Pero es un poco violento…

LUCAS: Imagínese para mí, que tengo que contarle mis crímenes horrorosos… Por favor.

MARY LOU: Bueno, va, pues vamos al grano.
(Conecta el magnetófono.)
¿Me dice su nombre y apellido?

(Desde este momento, Dorry y la señorita Good van retrocediendo, perdiéndose en las sombras del fondo del decorado. Se funden en la negrura.)

LUCAS: Lucas Lee.

MARY LOU: Señor Lucas Lee. ¿Mató usted a la señorita Henrietta Good, del pueblo de Goldring?

LUCAS: Sí.

(Mary Lou empieza a escribir.)

MARY LOU: ¿Cómo lo hizo?

LUCAS: Con un cuchillo. Me acerqué por detrás. Ella estaba en su sillón de siempre, junto a la chimenea. Oyó cómo me acercaba y dijo «Ah, Lucas, ¿eres tú? Ven, quiero que hablemos…» Y yo le dije «Siempre a su disposición, señorita Good», y le corté el cuello.

MARY LOU: (Impresionada.) ¿Pero por qué?

LUCAS: La pequeña Dorry se había vuelto demasiado cristiana, por su culpa.

MARY LOU: Por culpa de la señorita Good y por culpa de usted y de sus sermones dominicales.

LUCAS: Pero Dorry sabía que yo no hablaba em serio. (Parodia:) «Entonces fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para tal hora y tal día de tal mes y tal año; para que matasen a la tercera parte de los hombres…» No, eso no era serio. Yo no la volví cristiana. Ah, y entonces agarré uno de los troncos del hogar y lo puse sobre la falda de la vieja, de manera que el fuego enseguida prendió en sus ropas.

MARY LOU: ¿Y Dorry?

LUCAS: Dorry se enfadó mucho.

MARY LOU: Claro.

LUCAS: Le dije «Salgamos de aquí, que en un minuto esto arderá como una tea». Y salimos. Cuando aún no habíamos dado cincuenta pasos, las llamas ya salían por la ventana.

MARY LOU: ¿Y Dorry?

LUCAS: Cabreada. Como un mono.

MARY LOU: (Deja de escribir:) ¿Pero…?

LUCAS: Qué.

MARY LOU: ¿Cómo la mató?

LUCAS: Ah, para que le cuente esto, tendrá que enseñarme el otro pecho.

MARY LOU: (Apaga el magnetófono.) ¡Ah, no! No habías dicho nada del otro pecho.

LUCAS: No hay que decirlo. Es de lógica. Un asesinato, un pecho. Dos asesinatos, dos pechos. Cualquiera lo entendería.

MARY LOU: ¡No lo entendería cualquiera! Yo no lo entiendo. Eres un depravado, asqueroso y enfermo! ¡Y tramposo!

LUCAS: ¡Pues claro que lo soy! Maté a mi madre, ¿recuerdas? Y acabo de contarte cómo maté a la señorita Good. Sólo te pido que me enseñes la otra teta. Hace un mes, si te hubiera encontrado en un callejón solitario, te habría dado una paliza, te habría violado y te habría cortado el cuello antes de que llegaras al orgasmo. Me parece que mi conducta ha mejorado sensiblemente, ¿no? Ahora, sólo te estoy pidiendo que me enseñes las tetas.

MARY LOU: (Se ha quedado de piedra.) ¿Qué has dicho?

LUCAS: Lo que has oído. Perdona que te tutee pero como ya me has enseñado una teta…

MARY LOU: Repítelo.

LUCAS: Enséñame la otra.

MARY LOU: Bueno.

(Poco a poco, Mary Lou descubre el otro pecho.)

LUCAS: Oh, son fantásticos, increíbles. Es que, si sólo ves uno, no terminas de hacerte la idea de la belleza del conjunto. Yo creo que hay que mostrarlos de dos en dos. Son maravillosos, de verdad…

MARY LOU: Gracias.

LUCAS: ¡Son pechos de miss! Para presentarse a miss Tejas. ¡A miss América, miss Universo!

MARY LOU: Bueno, por favor… (Conecta el magnetófono.)

LUCAS: Se lo estoy diciendo de todo corazón. No lo digo para quedar bien…

MARY LOU: Hábleme de Dorry.

LUCAS: La pequeña Dorry. Es que, perdona, pero delante de estos dos monumentos, estoy como aturdido…

MARY LOU: Pues los escondo…

LUCAS: No, no, por favor, no. La pequeña Dorry. Ahora, te hablo de la pequeña Dorry.

MARY LOU: De usted.

LUCAS: Ahora, le hablo de la pequeña Dorry. Se enfadó mucho.
(Mary Lou se pone a escribir.)
Decía que yo acababa de quemar la única casa, auténtico hogar, que habíamos tenido desde hacía muchos años, desde que habíamos salido de Florida. Y había matado a la mujer que nos daba de comer, y nos vestía. Empezamos a caminar por la carretera del pueblo, hacia la interestatal, y Dorry se puso a insultarme. Estaba empeñada en hacerme confesar. «Hasta que no confieses tus pecados, serás una bestia, peor que una bestia», decía. Yo ya sabía que había hablado de mis pecados a la señorita Good. Por eso había matado a la señorita Good, porque sabía demasiado. Nos detuvimos a la orilla del río, bajo un sauce, y le pregunté a la pequeña Dorry: «¿Y a quién más le has hablado de mis pecados?»…

MARY LOU: ¿A qué clase de pecados se refiere?

LUCAS: Pecados, pecados, fechorías. Y ella me dijo: «Ha llegado la hora de que los conozca todo el mundo. Si no los confiesas tú, seré yo la encargada de difundir la verdad por el mundo. ¡Todos sabrán quién es Lucas Lee!». Y, bueno, ya sabe cómo son estas cosas. Discutimos. Me pegó, ése fue su grave error, que me pegó. No lo soporto. La agarré del cuello, la tiré al suelo y, con una piedra, crac y crac y crac, la maté.

MARY LOU: Oh, Dios mío.

LUCAS: Y me la tiré.

MARY LOU: ¿Que se la…? Ah. Ostras.

LUCAS: Y la descuarticé con un cuchillo.

MARY LOU: Uau, pero se mancharía de sangre…

LUCAS: Me desnudé para hacerlo.

MARY LOU: ¿Completamente?

LUCAS:… Y ella también estaba desnuda…

MARY LOU: Ostras.

LUCAS: Y después tiré los pedazos al río. Vi cómo se los llevaba la corriente. Y yo me limpié la sangre en el río. El agua estaba fría. Fue un buen baño, muy estimulante.

MARY LOU: (Después de una pausa.) ¿Y eso que ha dicho de prácticas sexuales con cadáveres?

LUCAS: No, eso no se lo voy a contar.

MARY LOU: Vamos…

LUCAS: Es algo muy íntimo.

MARY LOU: (Apaga el magnetófono.) Yo te he enseñado los pechos.

LUCAS: ¡No compares! Una cosa es mostrar los pechos y otra, muy diferente, hablarte de mis relaciones sexuales con cadáveres. Hay intimidades e intimidades.

MARY LOU: Para mí, sólo hay una clase de intimidad. Si abres el corazón a una persona, abres el corazón a una persona.

LUCAS: Pues te equivocas. Ahora mismo me vienen a la cabeza muchas clases diferentes de intimidades. Hay la intimidad de mirarte los pechos, y hay la intimidad de ponerte las manos sobre los pechos, que es muy diferente; y hay la intimidad de desnudarte con mis manos, y hay la intimidad…

MARY LOU: ¡Basta, basta, basta!

LUCAS: Hay muchas clases diferentes de intimidad.

MARY LOU: Ya lo he entendido.

LUCAS: Mirarte eso, por ejemplo.

MARY LOU: ¿Eso?

LUCAS: Ya sabes…

MARY LOU: ¿Ya sé?

LUCAS: Eso, el felpudo, el chichi, el triángulo de las Bermudas…

MARY LOU: Pero qué dices?

LUCAS:… Te contaría todos mis crímenes.

MARY LOU: ¡Estás loco! ¡Estás enfermo!

LUCAS: Aprendí a robar en cuanto aprendí a correr. Cometí el primer asesinato cuando tenía catorce años…

MARY LOU: (No sabe si conectar o no el magnetófono.)
¡Ni en broma!

LUCAS: Son asesinatos que podrás comprobar. Podrás ir a los lugares y desenterrar huesos…

MARY LOU: Eres un maníaco.

LUCAS:… A lo largo de la interestatal 35, en los estados de Tejas, Misisipi y Oklahoma…

MARY LOU: ¿Pero por quién me has tomado?

LUCAS: Cuando salí de la cárcel de Michigan, prometí que volvería a matar.

MARY LOU: No. He dicho que no y es que no.

LUCAS: Y maté. A una mujer. Al lado mismo de la cárcel.

MARY LOU: No.

LUCAS: Te diré dónde tienes que cavar.

(Mary Lou ya no puede resistir más la curiosidad. Se levanta la falda y se baja las bragas.)

LUCAS: ¡Dios mío! ¡Es precioso! ¡Qué mono es! Es tan bonito que tendrías que ir enseñándolo continuamente.

MARY LOU: (Se vuelve a tapar. Presa de gran excitación.)
Y ahora, habla. ¡Hable!
(Conecta el magnetófono. Pero de pronto interrumpe a Lucas. No puede aguantarse más.)
No, espera…
(Apaga el magnetófono y va corriendo hacia la escalera, gritando como una loca.)
¡Papá! ¡Papá! ¡Son muchos asesinatos! ¡Muchísimos más! ¡Es un asesino en serie!!
(Desaparece escaleras arriba.)

ESCENA 10 (Stoneway. Lucas. Periodista 1, Periodista 2, Periodista 3. Tom.)

(Stoneway baja las escaleras acompañado de la Periodista 1, que lleva un magnetófono y un micrófono, y del Periodista 2 que lleva una cámara de fotos.)

STONEWAY: Por aquí. Pero nada de fotografías.

PERIODISTA 2: ¿Está aquí? ¿Es él?

STONEWAY: Sí, señorita. Y basta. No quiero que sea protagonista de nada. Es un asesino.

PERIODISTA 1: ¿A cuántas personas ha asesinado exactamente, señor Lucas?

STONEWAY: ¡He dicho que nada de preguntas!
(Periodista 1 hace una foto.)
¡Nada de fotografías!
(Stoneway quiere quitarle la cámara y Periodista 1 se escabulle. Y hará más fotos.)

LUCAS: ¡He perdido la cuenta! ¡He sido la mano de Satanás en la tierra!

PERIODISTA 1: ¡«La mano de Satanás en la tierra»! ¡Titular!

STONEWAY: ¡Fuera de aquí! ¡Tom!

(Stoneway empuja a los periodistas hacia la puerta.)

PERIODISTA 2: (Le hace una foto.) ¡Un momento, sheriff! ¿Violencia con la prensa?

LUCAS: Me he arrepentido de mis pecados y por eso confieso, pero no sé si Dios podrá perdonarme jamás.

PERIODISTA 1: ¿Tiene algo que ver con los casos de prostitutas muertas en California y Oregon?

LUCAS: ¡No le digo que no!

STONEWAY: ¡Están abusando de mi buena fe! Me han dicho que sólo querían verle…

PERIODISTA 2: Somos periodistas, sheriff. Nuestro público tiene derecho a conocer a este monstruo…

LUCAS: ¡Usted lo ha dicho! ¡La palabra es monstruo!

(Entra Tom, procedente de la calle.)

STONEWAY: Tom: échalos.

(Tom procede a empujar hacia la calle a los dos periodistas, que se resisten.)

PERIODISTA 2: ¿Tiene algo que ocultar, sheriff?

STONEWAY: ¡Fuera!

PERIODISTA 1: ¿Por qué esta violencia policial contra la prensa, sheriff?

TOM: Por favor, por favor, señorita. Salgan de aquí.

STONEWAY: Porque no quiero que nadie se ponga una camiseta donde diga «Lucas Lee: te quiero»!

LUCAS: Quiero ir a reunirme con mis víctimas para pedirles perdón personalmente.

(Por fin, Tom consigue echar a los dos periodistas. Y cierra la puerta.)

STONEWAY: ¡Lucas! ¡No consentiré que te conviertas en un héroe!

LUCAS: ¡Y a mí qué me cuenta! Yo estaba aquí tan tranquilo, sheriff. Han sido ustedes quienes han entrado sin pedirme permiso…

(Llaman a la puerta. Tom abre y se encuentra ante el Periodista 3.)

PERIODISTA 3: Buenos días. Soy Andy Gruby, del Post de Montague. Quisiera hacer algunas preguntas al detenido Lucas Lee…

TOM: Sheriff: es un periodista que dice…

STONEWAY: ¡Fuera!

ESCENA 11 (Juez y Fiscal.)

(Se hace oscuro.
A un lado del escenario, en primer término, el escritorio del despacho del Juez Monahan. Tiene una tremendo montón de expedientes al alcance de la mano.)
Entra el Fiscal.)

FISCAL: Buenos días, su señoría. ¿Se está poniendo al día de los casos pendientes?

JUEZ: Me costará mucho ponerme al día. Todo esto son casos pendientes. En realidad, todavía no he encontrado ninguno resuelto.

FISCAL: Este condado está demasiado cerca de la frontera de Oklahoma, su señoría. Y nuestros delincuentes la cruzan muy a menudo…

JUEZ: ¿Y la colaboración con las autoridades de Oklahoma?

FISCAL: Antes, que colaboren ellos, su señoría. Quieren que nosotros les resolvamos sus casos. Sus delincuentes cruzan continuamente hacia aquí y quieren que los detengamos nosotros y colgarse ellos las medallas. Cuando ellos colaboren, nosotros colaboraremos, su señoría.

JUEZ: ¿Y usted quién es?

FISCAL: El fiscal jefe, su señoría. Nos presentaron en la ceremonia de anoche.

JUEZ: Ah, sí. Kowalski, ¿verdad?

FISCAL: Cooper, su señoría.

JUEZ: (Toma el expediente que tiene delante.) Y este… Lucas. ¿Cómo es que todavía no me lo han traído al juzgado?

FISCAL: Aún no han cerrado su expediente, su señoría.

JUEZ: No me llames su señoría. Llámame juez Monahan.

FISCAL: El sheriff Stoneway de Goldring está haciendo un gran trabajo. Este hombre está confesando una larga serie de asesinatos.

JUEZ: ¿Cuántos ha confesado, hasta ahora?

FISCAL: Una veintena, juez Monagan.

JUEZ: Monahan.

FISCAL: Ah, perdone. Una veintena. Stoneway está realizando las comprobaciones necesarias.

JUEZ: Veinte casos resueltos de un solo golpe.

FISCAL: Stoneway es un sheriff excepcional, juez Mohagan…

JUEZ: No: Monahan. Es Monahan.

FISCAL: Ah, perdone.

JUEZ: No, perdone, no. Repita.

FISCAL: Eh… Moga… No, Mono…

JUEZ: Llámeme juez. Sólo señor juez. Y ese sheriff, que cierre el expediente de una vez. Nos espera un juicio espectacular.

FISCAL: Sí. Todo el mundo hablará de él. ¡Veinte casos!

JUEZ: Un escándalo. Reportajes sensacionales. Discovery Channel. Y, al final, la ejecución. A lo mejor harán una película. Las películas que acaban con ejecución siempre son buenas.

ESCENA 12 (Lucas, Dorry y señorita Good.)

(De noche. Oscuridad. Lucas está durmiendo. Entre las sombras, aparecen la señorita Good y Dorry. Se acercan a él.)

DORRY: ¡Lucas!

SEÑORITA GOOD: ¿Lucas?

(Le zarandean.)

DORRY: ¡Lucas! ¿No me oyes?

SEÑORITA GOOD: ¡Lucas, despierta!

DORRY: ¿Qué le pasa? ¿Está muerto?

(Lucas emite un ronquido.)

SEÑORITA GOOD: No. Duerme.

DORRY: ¿Ya no le quitamos el sueño?

SEÑORITA GOOD: No nos oye.

DORRY: Hace dos días, éramos su pesadilla.

SEÑORITA GOOD: Ahora ya no existimos para él.

DORRY: ¿Pero como es posible? ¿Se acabó? ¿Ya se ha olvidado de nosotros?

SEÑORITA GOOD: Ya no existimos. No somos ni un sueño.

DORRY: ¡Te degolló! Y a mí me descuartizó y me tiró al río! ¡No puede habernos olvidado!

SEÑORITA GOOD: No nos ha olvidado pero nuestro recuerdo ya no le preocupa en absoluto. Ya no nos necesita.

DORRY: ¡Él me quería!

SEÑORITA GOOD: ¿Te lo dijo alguna vez?

DORRY: No, pero nunca me hizo daño, nunca me abandonó, nunca me hizo nada.

SEÑORITA GOOD: Sí, es verdad: nunca te hizo nada.

DORRY: Nunca me hizo nada.

SEÑORITA GOOD: Tú y yo éramos sus secretos. Vivíamos dentro de su pecho y por eso podíamos hacerle cosquillas en el corazón, y podíamos viajar por sus sueños, asustarlo y hacerle llorar. Pero ahora ya no somos nada más que letras en un papel, ya no somos secretos, pronto estaremos en las mentes y los sueños de miles de personas, ya no viviremos en él, ya no tendremos nada que ver con nuestro Lucas. No somos nada más que toxinas que acaba de cagar en un rincón para que las limpien los otros.

DORRY: (Vuelve a zarandearlo, desesperada:)
¡Lucas! ¡Lucas!

SEÑORITA GOOD: No te canses.

DORRY: ¿Y ahora qué haremos? Si nadie nos tiene presentes, si nadie sufre por nosotros, desapareceremos definitivamente. Se nos va a comer el olvido.

SEÑORITA GOOD: No. Aún tenemos una posibilidad.

(La señorita Good agarra a Dorry de la mano y se la lleva escaleras arriba.)

ESCENA 13 (Stoneway, Lucas.)

(De noche. Lucas continúa durmiendo.
Stoneway baja las escaleras. En pijama y batín y despeinado.)

STONEWAY: ¿Lucas? ¡Lucas!
(Se acerca a la reja.)
¡Lucas! ¿Estás durmiendo?

LUCAS: ¡Pues claro que duermo, sheriff! ¿Qué le pasa?

STONEWAY: ¿Como puedes dormir? ¡Cincuenta asesinatos a sangre fría! Sin ningún motivo. Pues yo no puedo dormir, Lucas. Tus crímenes me quitan el sueño.

LUCAS: Pues lo siento mucho, sheriff. A lo mejor tendría que buscarse otro trabajo.

STONEWAY: Creo que nunca he conocido a una persona tan asquerosa y perversa como tú, Lucas.

LUCAS: Lo entiendo, sheriff. Cuando miro atrás, yo también me veo así. Asqueroso y perverso. Exactamente.

STONEWAY: ¿Te burlas de mí, Lucas?

LUCAS: ¡No!

STONEWAY: Sí. Te estás burlando. Te has reído de nosotros desde que llegaste en este pueblo. Desde que la señorita Good os acogió en su casa. Ibais sucios, mojados y andrajosos como nunca había visto a nadie. Y os dio trabajo, y un lugar para dormir, ropa, una casa, comida… Trabajabas bien, eres rápido y cumplidor… Aquel domingo, cuando no pudo venir el reverendo Moore y tuviste que meter baza.

LUCAS: Ah, sí.

STONEWAY: Estabas arreglando la instalación eléctrica, y aquella señora dijo «Si no viene el reverendo, no sabremos qué tenemos que rezar». Y tú dijiste, desde allí arriba: «Nadie tiene que deciros lo que debéis rezar ni cómo debéis rezar…»

LUCAS: Ah, sí.

STONEWAY: «Cada uno debe rezar en su idioma, con sus propias palabras, desde sus propios problemas. ¿Quién sabe cómo tiene que rezar cada uno?»

LUCAS: (Modesto.) Bueno. Me pasó por el cabeza y lo dije.

STONEWAY: Dijiste: «El reverendo sólo tiene que hacer una cosa: animarnos a rezar. Pero, cuando crees en Dios, cuando crees de verdad, no hace falta que te animen a rezar. Rezas espontáneamente. O sea que rezad, hermanos. ¡Rezad, cada uno a su manera! ¡Rezad! ¡Aleluya!»

LUCAS: Aleluya, es verdad. Y todo el mundo: «¡Aleluya!». Aleluya, sheriff, aleluya.

STONEWAY: Aleluya, Lucas. Nos engaste como a chinos. Cuando me contaron que te gastabas el dinero de la señorita Good en alcohol, y que rondábais borrachos por el pueblo, tú y la pequeña Dorry, no me lo quería creer. Insinuaciones, suposiciones…

LUCAS: Dios puso aquellas palabras en mi boca.

STONEWAY: Dios y tú no tenéis nada que ver.

LUCAS: En eso se equivoca, sheriff. Dios tiene que ver con todos y cada uno de nosotros. Dios nos ha creado…

STONEWAY: ¡No me vengas con sermones, Lucas! ¡Eres un puto pecador!

LUCAS: En mis discursos, empezaba diciendo que todos somos pecadores y que probablemente yo era el más pecador de todos, ¿es verdad o no? Y ustedes decían «Aleluya!» Que, si no me equivoco, significa que estaban de acuerdo. Les decía: Soy el más pecador de todos vosotros, y todos decían «¡Amén!», Aleluya, OK. ¡No engañé a nadie! ¡Les decía soy pecador y me perdonaban! ¿Qué creían que quería decir cuando aseguraba que era el pecador más grande del mundo?

STONEWAY: Nunca podría haber imaginado…

LUCAS: Pues tiene muy poca imaginación. Les decía que era un gran pecador y, de vez en cuando, cogía la furgoneta de la señorita Good y me iba a unas cuantas millas de aquí para violar y asesinar a alguna princesa. A eso me refería.

STONEWAY: Hijo de puta. Lo que no puedo entender es por qué. ¿Por qué has matado a tanta gente?

LUCAS: ¿Por qué? ¡La he matado porque he podido, sheriff! ¡Porque Dios me lo ha permitido! Si Dios no hubiera querido, toda esa gente estaría viva. No sé qué tenía Dios contra esas personas. No sé por qué lo hice. ¿Saben el tornado, el huracán, el incendio, el terremoto, el volcán, el tsunami, por qué destruyen casas y matan a gente? ¿Qué quiere decir con eso de por qué? No entiendo la pregunta. ¿Por qué? ¡Soy una fuerza de la naturaleza y a las fuerzas de la naturaleza no se les pregunta el por qué!

STONEWAY: Te colgaremos, Lucas. Te mataremos. Y yo estaré en primera fila viendo cómo agonizas con dolor, y me voy a reír. Pagarás por haber matado a la señorita Good.

(Tira de una cortina hasta que oculta del todo la reja y a Lucas. Da media vuelta y se va. Sube las escaleras, vuelve a su vida normal.)

ESCENA 14 (Tom. Ryan, Stoneway, Lucas.)

(Se encienden las luces. Es de día. Tom está sentado en el sillón con los pies sobre el escritorio.
Se abre la puerta y entra Ryan. Fuera está lloviendo a cántaros. Ryan entra con un impermeable empapado y una cartera, cerrando el paraguas. El rumor de la lluvia nos acompañará hasta que se diga lo contrario y, de vez en cuando, oiremos un trueno lejano.)

RYAN: ¿El sheriff Stoneway?

TOM: No ha bajado todavía.

RYAN: Estoy citado con él. Le avisé que vendría. Me llamo Ryan, Leopold Ryan, sheriff del condado de Uskell, Oklahoma.

(Tom se acerca a la escalera y grita hacia al piso de arriba.)

TOM: ¡Sheriff! ¡Leo Ryan pregunta por usted!

STONEWAY: (Off, desde arriba:) ¡Sí, le esperaba! ¡Ahora mismo bajo!

RYAN: ¿Ahí tenemos a la fiera?

TOM: Sí. Tenemos que ponerle la cortina por los periodistas, que se colaban para hacerle fotos.

RYAN: ¿Cuantos crímenes ha confesado, hasta ahora?

TOM: Setenta y dos.

RYAN: (Silba admirado:) ¿Alguien por la zona de Oklahoma? ¿Uskell?

(Stoneway baja la escalera.)

STONEWAY: ¿Ryan?

RYAN: Stoneway.
(Se dan la mano.)
Me gustaría hablar con tu fiera. Tengo unos casos que resolver, a lo largo de la interestatal 35…

STONEWAY: No me gusta que me lo mareen, Leo. Todo esto se le está subiendo a la cabeza. Se siente importante, ¿sabes?

RYAN: Para mí es importante, si me ayuda a resolver tres casos. Vamos, sólo te lo entretendré un momento.

(Stoneway va a la cortina. La descorre de golpe. Dentro de la celda, al otro lado de la reja, Lucas está sentado en la taza del wáter.)

LUCAS: ¡Por favor! ¡Que estoy cagando!

STONEWAY: Oh, perdón.

(Stoneway vuelve a correr la cortina, ocultando celda y recluso, y mira a Ryan con silencio molesto.)

RYAN: Parece que llueve, ¿verdad?

STONEWAY: Mientras no tengamos inundaciones… Tenemos que poner la cortina para…

RYAN: Sí, ya, por la prensa…

STONEWAY: (Simultáneamente:) … Preservar un poco su intimidad…

RYAN: Ah.

STONEWAY: Sí, por la prensa también, pero, claro, no es lo mismo tener un recluso una noche que tenerlo aquí, instalado, durante meses…

RYAN: ¿Cómo está el tema del juicio?

STONEWAY: Paralizado. De momento, tenemos material para condenarlo a muerte como mínimo por seis crímenes. Pero estamos investigando los otros. Cada vez que confiesa uno nuevo, se inicia otro proceso de constatación y obtención de pruebas. Eso requiere tiempo.

RYAN: Y, entretanto…

LUCAS: ¡Ya estoy!

(Stoneway vuelve a abrir la cortina y descubrimos a Lucas.)

STONEWAY: Éste es el sheriff Ryan, de Oklahoma. Te quiere hacer algunas preguntas.

LUCAS: ¿Otro?

RYAN: Por favor, es un momento, señor Lucas. Sólo una consulta…

STONEWAY: Ven, Tom, quiero que me ayudes a cerrar bien las claraboyas del garaje. Tengo miedo de que se me inunde. (A Ryan:) ¡Volvemos enseguida, Leo!

(Salen Stoneway y Tom y dejan solos a Lucas y Ryan. Éste saca unas fotos y unos papeles de la cartera.)

RYAN: Quiero que vea eso, señor Lucas…

LUCAS: Ya me imagino lo que será. Viene a pedirme un favor…

RYAN: Tengo un caso de tres chicas desaparecidas en el Green River, en el condado de Uskell, Oklahoma. Como está cerca de la interestatal 35 y usted ha actuado por allí…

LUCAS: Piensa que a lo mejor las maté yo.

RYAN: Bueno… Sí…

LUCAS: (Mira papeles y fotos.) Yo voy confesando, y les ayudo a resolver casos, se cuelgan medallas y se ganan la gratitud de la población, y de los parientes de las víctimas, y yo voy acumulando motivos para que me ejecuten con la inyección letal y, entretanto, mire cómo vivo. ¿Le parece que se puede vivir así, cagando a la vista de todo el mundo, en una celda tan estrecha…? ¿Qué les costaría tapar un poco el cagadero? Y darme un poco más de espacio. Y hacerme revisar la vista por un oftalmólogo… No veo bien, y tengo derecho a asistencia médica. Se lo pido y se lo pido, ¿pero cree usted que me hacen caso?

RYAN: Sí, bueno. Yo no puedo hacer nada. Ésta no es mi oficina.

LUCAS: Sí, claro. (Le devuelve los papeles.) No, no me acuerdo de nada. Esto tendría que funcionar al revés, ¿sabe? Usted tiene que encontrar pruebas y me inculpa, no soy yo quien se tiene que entregar voluntariamente…

RYAN: Ha confesado voluntariamente casi ochenta crímenes. Por tres más…

LUCAS: Sí, ya tienen suficiente como para condenarme a muerte cinco veces. Ya basta. Después de todo, no me pueden matar más de una vez.

RYAN: Por favor…

LUCAS: No, amigo. Creo que ya he purgado bastantes crímenes.

RYAN: A lo mejor… Si lograra que mejorasen sus condiciones de vida…

LUCAS: Imposible. El sheriff Stoneway no le hará ningún caso.

RYAN: ¿Pero si me lo hace…?

LUCAS: Hombre, si usted me hace un favor, yo podría hacer un esfuerzo de memoria…

(Entra Stoneway, empapado por la lluvia.)

STONEWAY: ¡Demonios! Me parece que el río está empezando a salirse de madre… Si continúa así, estaremos en situación de emergencia…

RYAN: Stoneway… ¿Puedo hablar un momento contigo?

STONEWAY: Di.

RYAN: En privado… Que no nos oiga…

STONEWAY: Si no te importa mojarte, vamos a tomar una copa.

RYAN: De acuerdo. Pago yo.

(Ryan abre su paraguas y sale con Stoneway hacia la lluvia que inunda la calle.)

ESCENA 15 (Tom, Ryan, Mary Lou, Stoneway, Lucas, Obrero 1, Obrero 2, Obrero 3, Oftalmólogo.)

(De repente, cambia la luz: fuera ya no llueve.
Inesperadamente, como en un desfile triunfal, entran los tres Obreros llevando mamparas y cajas de herramientas. Les sigue Ryan que, con su cartera en la mano, se dirige a Lucas, muy contento.)

RYAN: ¡Lo he conseguido, ¿se da cuenta?! Ahora le ensancharán la celda.

LUCAS: ¿Cómo se lo ha sacado?

OBRERO 1: Tú encárgate del retrete. Nosotros haremos las rejas.

(Los Obreros proceden a transformar el escenario. De momento, uno de ellos va levantando paredes alrededor del wáter y del lavabo, de manera que queden ocultos a la vista y accesibles por una puerta. Entretanto, los otros toman medidas de un lado a otro del escenario… Hacen mucho ruido.)

(El teléfono empieza a sonar. Tom atiende.)

TOM: Oficina del sheriff Stoneway, dígame. (…) Sí. (…) No. Esto tendrá que hablarlo con su abogada.

OBRERO 2: (Ha medido la distancia hasta el centro del escenario, junto al escritorio.)
¡Es hasta aquí!

OBRERO 1: ¡Pon una señal!

(Obrera 2 hace una señal con yeso en el suelo junto al escritorio.)

RYAN: … Bueno, y yo también contribuyo con un poco de dinero de mi condado. Al fin y al cabo, su colaboración nos beneficia a todos.

LUCAS: ¿Le ha costado muy caro?

RYAN: Dos mil dólares. El resto los pondrá el ayuntamiento.

TOM: (Al teléfono:) Un momento que la llamo.
(Se desplaza hasta la escalera y grita hacia arriba.)
¡Señorita Mary Lou! ¿Puede bajar un momento, por favor?
(Vuelve al teléfono:) Espere un momento. Ahora baja.
(Suena otro teléfono. Tom contesta.)
Oficina del sheriff Stoneway, dígame.

LUCAS: ¿Y qué le dijo al sheriff Stoneway para convencerle?

(Los dos obreros empiezan a desmontar las rejas. Eso molesta a Ryan y Lucas, que se encuentran uno a cada banda.)

OBRERO 1: Perdonen, ¿eh? Perdonen un momento.

LUCAS: No pasa nada. Adelante.

(Los obreros continúan desmontando la reja y estorbando la conversación.)

RYAN: Desde aquí tal vez no se haya dado cuenta pero el pueblo de Goldring hace tiempo que conoce la prosperidad, gracias a usted. Hay autocares de curiosos, que vienen a conocer el pueblo del carnicero. Y policías de todos los Estados Unidos que hacen cola para hablar con usted y resolver casos pendientes. Por no hablar de los periodistas, abogados, fiscales, padres y madres de chicos y chicas desaparecidos, y psicólogos, médicos, criminalistas, sociólogos, que quieren hacer tesis y estudios sobre usted… Los hoteles, los restaurantes, las tiendas de souvenirs… Tendrían que hacerle un monumento, amigo mío.

LUCAS: Me gusta oírlo. Me gusta oir que, por una vez, puedo hacer el bien.

(Baja Mary Lou.)

TOM: (Tapando el micro de su teléfono:)
Un policía de Arizona, que quiere hablar con Lucas. Y aquí tengo a otro…

MARY LOU: (Abre la agenda de manera que puedan consultarla ambos.)
Ésta es la agenda. Dale hora. No hace falta que eso lo haga yo. (Al teléfono:) Dígame. (…) Sí. Bueno, tenemos la agenda un poco llena, pero dígame. (Hace notaciones en la agenda.) Mejor a las once de la mañana. ¿De acuerdo? (…) Y no se olvide de traer toda la documentación del caso, para refrescarle la memoria. Coimprenderá que, con más de setenta asesinatos, no puede recordar todos los detalles…
(Continúa hablando y anotando en la agenda.)

RYAN: (Abre la cartera y empieza a sacar papeles.)
Y ahora pasemos a mi caso. Esas tres chicas desaparecidas en el Green River, en el condado de Uskell…

LUCAS: Ah, sí. Lo recuerdo perfectamente. Oklahoma, a lo largo de la interestatal 35…

RYAN: ¡Sabía que era cosa suya!

(Continúan hablando. Ryan muestra papeles a Lucas, que los mira con interés. Ahora ya no hay reja que se interponga entre ellos, porque los obreros la han quitado.)

TOM: ¿Sí? ¿De dónde dice que viene? (…) ¿Tres asesinatos o tres desapariciones? (…) Ah, no es el mismo. (Después de consultar la agenda:) No podrá ser hasta la semana próxima. (…) El lunes. (…) A primera hora, si quiere. (…) Tomo nota. ¿Me ha dicho que su nombre es…? (Toma nota.)

(Los obreros van trasladando las rejas desmontadas hacia el centro del escenario, donde se encuentra el escritorio. Molestan a Tom y Mary Lou, que están hablando por teléfono.)

TOM: Eh, un momento… ¿Qué hacen?

OBRERO 1: Nos han dicho hasta aquí y tiene que ser hasta aquí.

TOM: (Al teléfono:) Bueno, así quedamos de acuerdo, el miércoles que viene. Ahora tengo que colgar. (Cuelga. A los obreros:) ¿Y la mesa? ¿No ve que no cabemos?

(A Ryan y Lucas se les caen los papeles al suelo porque no tienen mesa donde apoyarlos.)

LUCAS: Perdóneme un momento… Yo aquí necesito una mesa, Tom. ¿Por qué no me la pones aquí…?

TOM: ¿Cómo voy a poner el escritorio del sheriff dentro de la celda?

LUCAS: Provisionalmente, hombre, hasta que acabemos con todo este alboroto.

MARY LOU: De acuerdo. Le esperamos.
(Cuelga el teléfono y anota algo en la agenda.)

TOM: ¿No pueden poner la reja un poco más allá?

OBRERO 1: Nos han dicho hasta aquí.

TOM: ¡Está bien!

(Los obreros trasladan el escritorio al interior del espacio de la celda. Ponen los teléfonos en el suelo.)

(Mary Lou coge un montón de cartas y la agenda y se dirige a Lucas. Interrumpe la conversación con Ryan.)

MARY LOU: Sólo un momento, Lucas. Hay unas personas que tienen mucho interés en hablar contigo. La Congregación de la Luz Negra.

LUCAS: Ah, la Luz Negra.

MARY LOU: ¿Sabías que existía? Tienen casi un millón de adeptos por todo el país, una cadena de televisión propia, diarios y revistas, controlan una cadena de fast-food… ¿Qué les digo?

LUCAS: Que vengan. Yo estoy abierto a todo el mundo. No tengo secretos para nadie.

(Mary Lou apunta algo en la agenda, como secretaria eficiente.)

MARY LOU: Perdonen. Ya pueden continuar.

(Fuera, se oye una ovación. Entra Stoneway de la calle, muy contento, porque es el héroe del día. Habla hacia el exterior.)

STONEWAY: ¡Muy bien, muy bien, muchas gracias! Pero ahora volved a casa, que estáis estorbando el tráfico…
(Cierra la puerta. A Mary Lou.)
¿Cómo va eso?

MARY LOU: Uy, un trabajón. Estamos colapsados.

STONEWAY: Pues tenemos una nueva comparecencia ante el juez…

MARY LOU: No sé si tendrá horas.

STONEWAY: Ven arriba, lo estudiaremos.

(Suena el teléfono. Tom contesta.)

TOM: Oficina del sheriff Stoneway, dígame.

MARY LOU: (A Tom:) A partir de ahora, no des más horas. Que llamen el lunes.

(Se va con su padre escaleras arriba.)

RYAN: (Dándole más papeles a Lucas. Ahora, están sentados uno a cada lado del escritorio.)
Éste es el informe del fiscal, las investigaciones de la policía, interrogatorio de sospechosos…

LUCAS: (Estudiando los papeles.) Bueno. Muy bien.

(Llaman a la puerta. Tom corta la comunicación y va a abrir. Cuando abre, se oye el clamor de una multitud reunida en la calle. También está el oftalmólogo, pero Tom, antes de atenderle, tiene que poner orden.)

OFTALMÓLOGO: Soy el oftalmólogo…

TOM: Sí, perdone un momento… (Hablando hacia fuera.) ¡Señores! Hagan el favor de desalojar la acera o tendré que desalojarla yo a porrazos!
(Hace pasar al oftalmólogo. Cerca la puerta.)
Perdone. Hemos pedido permiso para aumentar efectivos pero aún no nos han aprobado el presupuesto. Pase. Lucas Lee está ahí…

(Los obreros han empezado a levantar y fijar las rejas en medio del escenario.)

OBRERO 1: ¡Vamos, arriba! ¡Levantadla ahora!

(Tom acompaña al oftalmólogo hasta el lugar donde Lucas y Ryan acaban de negociar. Tienen que pasar entre los obreros, claro.)

TOM: Perdonen…
(Tom abre la puerta de la reja. Llegan con el oftalmólogo hasta el escritorio.)
Lucas, este señor es el oftalmólogo que te viene a revisar el ojo.

OFTALMÓLOGO: Encantado de saludarle. He oído hablar mucho de usted.

LUCAS: Cosas malas. Travesuras. No me merezco todo esto.

(Tom abre con llave la puerta de la reja. Pasa al otro lado. Cierra con llave.)

RYAN: Acabamos en un momento…

OFTALMÓLOGO: No, no, no se molesten por mí. Yo instalo mis cosas en un momento.

(Despliega una pantalla donde se ven letras de diferentes medidas, eso tan típico de los oftalmólogos.)

RYAN: El informe del forense, el de la policía científica…

LUCAS: Sí, sí, sí, lo recuerdo perfectamente. ¿Tiene un mapa, para situar los lugares del crimen con exactitud?

(Ryan despliega un mapa de carreteras y va indicando minuciosamente a Lucas los lugares donde encontraron a las tres chicas. Con un bolígrafo, Lucas va poniendo señales.)

(Los obreros han acabado su trabajo. Ahora, la reja está en el centro del escenario y la celda, con la mesa del escritorio dentro, parece mucho más ancha que el despacho del sheriff, demasiado lleno de muebles y objetos.)

OBRERO 1: Bueno, nosotros nos vamos, ¿eh?

TOM: Ah, sí. Pasen la factura al ayuntamiento.

(Los obreros se van.)

OFTALMÓLOGO: (Señalando letras de la pantalla.)
¿Qué ve aquí?

LUCAS: (Atento al mismo tiempo al oftalmólogo y al mapa que tiene entre manos.)
Una EME.

OFTALMÓLOGO: ¿Y aquí?
(Continúa señalando letras.)

LUCAS: Una BE. Una ELE. Una U. (A Ryan:) ¿Me puedo quedar el mapa?

RYAN: Sí. He traído dos. Así, puede usted tomar notas en éste y yo me puedo llevar el otro.

OFTALMÓLOGO:
(Se acerca a Lucas.)
Bueno. Si me permite…

LUCAS: Sí, el señor ya se iba. Perdóneme, Ryan, pero ya ve que…

RYAN: (Recoge algunos papeles y los mete en la cartera, pero deja muchos en poder de Lucas.)
Sí, sí. Faltaría más. La salud es lo primero.

LUCAS: Tom le acompañará a la puerta. ¡Tom!

TOM: ¡Ya va!

(El oftalmólogo observa los ojos de Lucas con un aparato que incluye una luz y una lupa. Entretanto, Tom abre la puerta de la reja con llave para que salga Ryan.)

LUCAS: ¿No podrías dejar abiertas las rejas, para más comodidad? Lo digo por ti…

(Ryan se va. Se despide de Tom.)

RYAN: Bueno, muchas gracias…

(Ryan sale. Tom va a la reja, la abre y la deja abierta.)

TOM: ¿Hago pasar al siguiente?

LUCAS: No, hombre, ¿no ves que estoy pasando consulta?

OFTALMÓLOGO: No: yo ya estoy. Por mí no se preocupe. Estudiaré el tratamiento y volveré mañana mismo. Seguramente le traeré un muestrario de prótesis… Ojos de cristal, para que elija el que más le guste…

LUCAS: Aquí me encontrará, doctor.

OFTALMÓLOGO: Ya conozco el camino. No se preocupe…
(EL Oftalmólogo sale. )
Buenas tardes, gracias.

(Tom y Lucas se quedan solos en escena.)

ESCENA 16 (Tom, Harry Callahan, Stoneway, Lucas.)

(Cambia la luz. Ahora estamos en invierno. La estufa está encendida.
En la celda, Lucas ya no lleva el parche que le daba aspecto de pirata y, en cambio, luce unas gafas que le hacen parecer un intelectual. Con la barba tan bien recortada, bien peinado y una chaqueta que parece hecha a medida, casi parece elegante.
Tom se acerca a la ventana. Ve algo que le interesa y corre hacia la escalera.)

TOM: ¡Ya viene, sheriff! ¡Ya le tenemos aquí!

STONEWAY (off, desde el piso de arriba): ¡Ya bajo!

(Llaman a la puerta. Tom abre. Fuera, sopla un viento sonoro y siniestro. Entra Harry Callahan. Viste un chaquetón muy grueso.)

HARRY CALLAHAN: (Se quita el chaquetón.) Soy Harry Callahan. ¿Ha oído hablar de mí?

TOM: Claro que sí, señor Callahan. Le teníamos en la agenda. Es muy puntual.

HARRY CALLAHAN: De quien no es puntual, ya no se puede esperar nada.

(Stoneway baja la escalera. Estrecha la mano de Callahan.)

STONEWAY: Callahan.

HARRY CALLAHAN: Sheriff Stoneway. ¿Ése de la jaula es la bestia?

STONEWAY: Le recomiendo que le trate con respeto. Dígale que le comprende y que le considera un ser humano…

HARRY CALLAHAN: Y, de paso, ¿qué le parece si le hago una mamada? ¿Es así como tratan a la carroña, en este pueblo?
(Ha avanzado muy decidido y provocador hacia Lucas. Entra en la celda, que tiene la puerta abierta.)
Soy Harry Callahan. ¿Has oído hablar de mí?

LUCAS: Naturalmente, señor Callahan. Es un honor conocerlo.

HARRY CALLAHAN: ¿«Es un honor conocerlo»? ¿De qué vaso? ¿Te crees que eres muy importante, verdad? ¿Porque has salido en primera página de los periódicos, y han hablado de ti por televisión, y ahí afuera venden camisetas que dicen «Lucas for president»?

LUCAS: Bueno… Hay que reconocer que he sido muy importante para un montón de personas que vieron truncadas sus vidas por mi culpa.

HARRY CALLAHAN: Pues para mí no eres más que una puta carroña, Lucas Lee.

LUCAS: Lo comprendo, señor Callahan. He hecho mucho daño en mi vida.

HARRY CALLAHAN: (Saca papeles de una cartera.)
Acabemos de una vez, que me da asco respirar el mismo aire que tú. (Hace la exposición ayudándose de mapas e informes que ha extraído de la cartera.) He estado estudiando tus expedientes. Has confesado que el 14 de agosto de 1982 mataste a dos chicas en la carretera federal 101 cerca de San Luis Obispo, California. Una semana después, el 22 de agosto, mataste a un chico en la estación de servicio de Salinas, en la misma carretera. El 16 de agosto, en un punto medio de la misma 101, apareció el cadáver de una chica que llevaba pendientes dorados y unas medias de color naranja. Ojos azules. Se llamaba Joanie. Le cortaste el cabeza y dos dedos de la mano derecha.

LUCAS: No.

HARRY CALLAHAN: ¿No? ¿Qué quieres decir?

LUCAS: Quiero decir que no.

HARRY CALLAHAN: ¿Cómo que no?

LUCAS: Que no recuerdo a ningún chica con medias de color naranja.

HARRY CALLAHAN: ¡No jodas! Para ir de San Luis Obispo a Salinas tienes que pasar por la reserva militar de Campo Robles. ¡Necesariamente!

LUCAS: Puede ser. Pero no maté a ninguna chica con medias naranjas.

HARRY CALLAHAN: ¡Oye, tú! ¡No he venido aquí a pedirte un favor!

LUCAS: Y yo no estoy aquí para hacer favores a nadie, señor Callahan. Los dos estamos aquí para que triunfen la verdad y la justicia.

HARRY CALLAHAN: (A punto de pegarle un puñetazo:) ¡Maldito asqueroso embustero!

(Tom y Stoneway, que estaban atentos, se precipitan a detenerlo. Lo agarran.)

STONEWAY: ¡Un momento, Callahan! Si le arranca la confesión por la fuerza, no le servirá de nada. Y no me gustaría que lesionase a mi prisionero.

HARRY CALLAHAN: ¡Pero no jodas, Stoneway! Es evidente que me está castigando porque no le he pedido las cosas por favor. ¡Él cometió el crimen!

STONEWAY: ¿Lo hiciste tú, Lucas?

LUCAS: No, sheriff.

STONEWAY: Ya lo ha oído, Callahan. Lo siento. Mala suerte. Coja sus papeles y deje pasar al siguiente.

HARRY CALLAHAN: (Recogiendo los papeles a manotazos y guardándolos en la cartera arrugados.) ¿Mala suerte? ¡Esto es una payasada, una comedia, una farsa! ¡Una mierda!

(Se apaga la luz.)

ESCENA 17 (Juez, Fiscal, Stoneway y Mary Lou.)

(En el rincón, el despacho del juez. La mesa cubierta de expedientes.)

JUEZ: Señores: me temo que el caso Lucas Lee se les ha ido de las manos. ¡Lleva confesados más de dos mil asesinatos!

STONEWAY: Es verdad, juez Macallan. El asesino en serie más feroz de la historia. Una bestia. Un monstruo.

JUEZ: Tienen movilizadas 875 agencias policiales de cuarenta estados diferentes, sin contar Canadá. Hay miles de agentes de diferentes fiscalías confirmando y certificando los datos que aparecen en las confesiones de Lee. Cientos de miles de dólares invertidos en su caso.

STONEWAY: Una desgracia, juez Macallan.

JUEZ: No para usted, sheriff Stoneway. Por lo que sé, cuando ese asesino llegó, su pueblo, Goldring, no era más que cuatro casas, una oficina de correos, un súper, un bar y dos tiendas… Y ahora es un pueblo que figura al mapa, que todo el mundo quiere conocer. Usted ha sido nombrado hombre del año por el ayuntamiento de Goldring y será candidato a alcalde en las próximas elecciones, que probablemente ganará. Para usted, Lucas Lee no ha sido una desgracia, sheriff, sino un negocio.

STONEWAY: ¡Protesto, juez Macallan! Detesto a ese monstruo con todo mi corazón. Abomino de tenerlo en mi casa, sus insolencias continuas, la maldad que desprende…

JUEZ: Pues tendrá que demostrármelo, sheriff…

STONEWAY: ¡Cuando quiera y como quiera!

JUEZ: El día uno del mes que viene incoaremos el juicio contra esa rata…

STONEWAY: ¡Por fin!

JUEZ:… Y quiero que lo tenga todo a punto y en orden para poder condenarlo antes del día quince…

STONEWAY: ¡El montón de expedientes será su lecho de muerte!

JUEZ:… Fijaremos la ejecución para el día 30, ¿entendido?

STONEWAY: ¡Día de fiesta nacional!

JUEZ: Señor fiscal: ¿ya tiene claro de qué modo planteará la acusación?

FISCAL: Dos mil asesinatos confesados, confirmados y comprobados, juez Hanharan.

JUEZ: ¿Testigos de la acusación?

FISCAL: Todos los oficiales y agentes de policía, y rangers y abogados, que pueda presentar, juez Hanrahan. Y todos confirmarán lo que Lucas Lee dice en sus confesiones.

JUEZ: Señorita Stoneway: ¿la defensa?

MARY LOU: Mi cliente se declarará culpable, su señoría.

JUEZ: ¿Y?

MARY LOU: ¿Y?

JUEZ: ¿Y qué más alegará?

MARY LOU: Nada más, su señoría.

JUEZ: ¿Testigos de la defensa?

MARY LOU: Sólo le llamaré a él, su señoría. Para que nos diga si es verdad que ha confesado los dos mil asesinatos.

FISCAL: ¡Los ha confesado!

STONEWAY: ¡Pues claro que los ha confesdado! ¡Casi se vanagloria de ello!

MARY LOU: Es innegable, su señoría.

JUEZ: El día treinta del mes que viene, quiero que ese Lucas tenga una jeringuilla clavada en el brazo y en las venas unos cuantos litros de tiopental sódico, bromuro de pancuronio y cloruro de potasio.

STONEWAY: Los tendrá, juez Macallan.

JUEZ: ¡Ni Macallan, ni Hanrahan, ni su señoría! ¡Soy el juez Monahan! Espero que el día del juicio ya se lo hayan aprendido.

(Oscuro.)

ESCENA 18 (Jano Lipkiss, Lucas, Tom.)

(Se encienden de nuevo las luces del despacho. Lucas tiene aspecto de abogado a punto de recibir un cliente en su despacho confortable, que es la amplia celda. El despacho del sheriff, en cambio, ocupando el tercio izquierdo del escenario, parece una sala de espera llena de trastos.
La puerta de rejas tiene las llaves en la cerradura.
Tom acompaña a Jano hasta la mesa donde espera Lucas. Lleva un maletín.)

TOM: Es la teniente Jano Lipkiss, de Jacksonville, Florida.

LUCAS: Gracias, Tom. Siéntese, señorita Lipkiss.

TOM: ¿Quiere un café, agua…?

JANO LIPKISS: No, gracias.

LUCAS: No, gracias, Tom. Ya te puedes retirar.

(Tom se retira a su rincón.)

JANO LIPKISS: Antes de nada, señor Lee, quiero decirle que no he venido aquí con ánimo de perjudicarle ni de forzarle a nada. Para mí, usted es una persona, un ser humano que ha vivido una vida atormentada que no puedo ni quiero juzgar.

LUCAS: Gracias, señorita Lipkiss. No me merezco tanta consideración.

JANO LIPKISS: Como policía, sin embargo, tengo unos casos que resolver y me ha parecido que a lo mejor usted podría ayudarme.
(Procede a sacar papeles del maletín.)
Se trata de los casos de las señoritas Elizabeth Mary Wolf y Glenda Beth Goff, de Jacksonville, Florida.

LUCAS: Debe de ser dura, para una mujer, la profesión de policía a Jacksonville, Florida, ¿verdad?

JANO LIPKISS: No es fácil.

LUCAS: Un mundo de hombres duros, groseros y malcarados. Yo sé cómo mira esa clase de hombres a las mujeres bonitas como usted.

JANO LIPKISS: Señor Lucas. Quiero que mire estas fotos…

LUCAS: Porque usted es una mujer muy bonita, ¿sabe?
(Jano va extendiendo papeles y fotografías delante de Lucas. Para hacerlo, tiene que inclinarse sobre la mesa y le muestra el interior del escote, sin querer.)
¿Podrá creer que, desde que me tienen detenido aquí, no me han permitido estar con ninguns mujer?

JANO LIPKISS: ¿Ah, no?

LUCAS: Ni bonita ni fea. Con ninguna. Un hombre como yo, que soy especialmente potente y bien dotado.

JANO LIPKISS: Señor Lucas, empieza usted a parecerse a uno de esos hombres duros, groseros y malcarados que antes mencionaba…

LUCAS: Soy un hombre duro, grosero y malcarado, señorita Lipkiss. Piense que he violado y asesinado a miles de mujeres. Lamento decepcionarla si se había formado de mí otra imagen… más positiva.

JANO LIPKISS: ¿Conoce a estas mujeres?

LUCAS: Si las conociera, ¿qué ganaría yo, señorita Lipkiss?
(Jano Lipkiss se sienta y mira fijamente a Lucas.)
Volverá con sus compañeros y les demostrará lo que vale. De un plumazo, resolverá dos asesinatos… O más, porque por aquella zona de Florida estuve actuando durante mucho tiempo. ¿No desapareció una maestra llamada Virginia Hall? Una señora de ochenta y cinco años muy querida por sus alumnos…

JANO LIPKISS: Tengo la sensación de que quiere pedir me algo a cambio, señor Lee.

LUCAS: Nadie da nada a cambio de nada. Yo aquí sólo puedo pedir amabilidad, que se me trate como a una persona.

JANO LIPKISS: Yo le he tratado con amabilidad, señor Lee.

LUCAS: Aún podría tratarme más amablemente, Jano, ¿me permite que la llame Jano?

JANO LIPKISS: ¿Qué está sugiriendo, señor Lee?

LUCAS: Lucas. Me gustaría que me llamaras Lucas.

JANO LIPKISS: ¿Y qué más te gustaría, Lucas?

LUCAS: ¿Una mamada?

(Después de una larga pausa, Jano se levanta, recoge sus papeles y los va metiendo en el maletín.)

JANO LIPKISS: Acabo de comprobar que es tan repugnante como dicen, señor Lee. Lamento haberle conocido.

(Jano se dirige a la puerta.)

LUCAS: La señora Virginia Hall era muy querida en Jacksonville. ¿Te imaginas volver a tu pueblo con ese caso resuelto? Además de los dos que me traes. Y quizá recordaré alguno más. ¿Has oído hablar de una chica de Magnolia, Arkansas, que apareció medio enterrada, con símbolos satánicos grabados en el pecho?

(Jano ha llegado a la puerta, que Tom ha abierto. Y ahí se detiene. Pasa un instante.)

LUCAS: Tom, ¿por qué no vas a buscar unos cafés? Creo que la señorita Lipkiss todavía no ha terminado su visita.

JANO LIPKISS: (A Tom:) Sí, de acuerdo. Tomaré un café.

TOM: Antes de salir, tengo que cerrar la celda…

LUCAS: Hagámoslo como siempre. Señorita Lipkiss, ¿tendría la bondad de venir hasta aquí? Tom no se puede ir y dejar esta puerta abierta.

(Jano da media vuelta. Se mete en la celda.
Lucas cierra con llave y le echa las llaves a Tom, que las atrapa al vuelo.)

LUCAS: Cómprate café para ti, también, de paso. Invito yo.

(Tom sale a la calle.)

LUCAS: Gracias, Jano. Los hombres necesitan a las mujeres, ¿entiendes? Ésta también es una manera de tratarme como a una persona, ¿entiendes?

JANO LIPKISS: ¿Quieres que lo hagamos aquí? ¿Así?

LUCAS: No. Allí tenemos un rinconcito. Ven.

(La toma de la mano y la conduce hacia la puerta de las paredes que construyeron alrededor del wáter. Jano se detiene.)

JANO LIPKISS: Pero, espera… Si ves que te da un ataque o algo parecido, me avisas, ¿eh?

LUCAS: Pues claro, mujer. No tengas miedo.

(Se encierran en el lavabo.)

ESCENA 19 (Stoneway, Lucas, Mary Lou, Jano Lipkiss, Tom.)

(Entran Mary Lou y Stoneway. Vienen del juzgado.)

STONEWAY: Eso se acaba, Mary Lou.

MARY LOU: Por fin.

STONEWAY: ¿Y Tom? ¡Tom!

MARY LOU: ¿Y Lucas? ¡Lucas!

STONEWAY: Debe de estar en el lavabo. Y Tom debe de haber ido a hacer su ronda.

MARY LOU: Todo volverá a la normalidad.

STONEWAY: Como era antes de que Lucas Lee llegase al pueblo.

MARY LOU: Pero ahora serás el alcalde.

STONEWAY: Y tendré que espabilar para mantener el nivel de vida que hemos alcanzado en estos dos años pasados.

MARY LOU: Serás alcalde, papá. Te lo mereces.

STONEWAY: Ser alcalde será fantástico con el pueblo que tenemos ahora. ¿Pero y si…?

MARY LOU: ¿Y si…?

STONEWAY: Si Goldring vuelve a ser aquel pueblo olvidado por donde no pasa nadie…

(Se sienten gritos y jadeos en el lavabo.)

MARY LOU: ¿Qué es eso? (Va hacia la reja y trata de abrir la puerta.) ¡Lucas! ¿Lucas?

(Se interrumpen los gritos y los jadeos del lavabo.)

MARY LOU: ¡Lucas! ¿Se puede saber qué estás haciendo?

(Tom entra con la bandeja y tres cafés.)

STONEWAY: Tom: te he dicho que no me gusta que le dejes solo…

TOM: Había ido a comprar los cafés…

MARY LOU: ¿Tres cafés? ¿Por qué tres cafés?

TOM: Para la…

MARY LOU: ¿La…?

TOM: Señorita Mary Lou: ¿por qué no sube los tres cafés arriba, y nos los tomamos su padre, usted y yo tranquilamente…?

MARY LOU: ¿Pero qué estás diciendo?

TOM: Me gustaría que subiera y nos dejara a su padre y a mí. Tengo que contarle algo muy interesante.

MARY LOU: Quiero oírlo.

TOM: Es una cosa de hombres.

MARY LOU: Dame las llaves de la celda.

TOM: No. Hoy Lucas está un poco furioso. Más vale que no le vea. De eso quería hablarle, sheriff. Será mejor que su hija suba al piso y nosotros nos encargaremos de la fiera.

STONEWAY: Sube, sube al piso, Mary Lou.

MARY LOU: No. Dame las llaves, Tom.

TOM: Tengo miedo de que le haga daño a su hija…

STONEWAY: Las llaves, Tom.

TOM: (Saca las llaves.) Bueno, es que ahora que me acuerdo…

(Mary Lou le arrebata las llaves y va corriendo a abrir la celda.
En ese momento, sale Lucas del lavabo llevando en brazos a Jano Lipkiss inerte, como muerta.
Tom, Stoneway y Mary Lou se asustan, convencidos de que la ha matado. Tom y Stoneway empuñan las armas y gritan histéricos.)

STONEWAY: ¡Lucas!

TOM: ¡Mierda!

STONEWAY: ¡Suelte a esa mujer!

MARY LOU: ¿Qué has hecho?

LUCAS: Ah, suerte que estás aquí, Mary Lou…

STONEWAY: ¡Quítale las manos de encima!

MARY LOU: ¿Qué le has hecho, Lucas?

LUCAS: Esta mujer… Estaba hablando conmigo y se ha desmayado…

STONEWAY: ¡Déjala en el suelo!

(Lucas deja a Jano Lipkiss en el suelo y le susurra:)

LUCAS: Ya está, Jano. Ya está.

JANO LIPKISS: (Finge que se despierta.)
Oh… ¿Dónde soy? ¿Quién soy?

(Tom y Stoneway ya han abierto la puerta de la celda y corren a atenderla. Mary Lou va con ellos pero se queda contemplando suspicaz a la pareja, ahora a uno, ahora a la otra.)

TOM: ¡Señorita Lipkiss! ¿Está bien?

(Jano Lipkiss se pone en pie y se arregla la ropa, que lleva desabrochada y en desorden.)

STONEWAY: ¿Qué le ha hecho este hombre?

MARY LOU: ¡Está lo que le ha hecho este hombre!

LUCAS: Se ha desmayado y la he llevado al lavabo para reanimarla…

MARY LOU: ¿Cómo? ¿Haciéndole el boca a boca?

JANO LIPKISS: Me estaba ayudando…

MARY LOU: ¡Fuera de aquí!

JANO LIPKISS: Pero aún no habíamos terminado…

MARY LOU: ¡Mejor! ¡Váyase a un lavabo público para terminar sola!

JANO LIPKISS: Pero, señorita…

MARY LOU: ¡Fuera de aquí, le digo! ¡Se acabaron las confesiones de este hombre! Soy su abogada y se lo prohíbo. ¡Basta ya! ¡Fuera!

TOM: Será mejor que se vaya, señorita Lipkiss…

STONEWAY: Venimos de hablar con el juez. Una confesión ahora ya no serviría de nada. El caso Lucas Lee se da por cerrado. Acompáñala, Tom. Quizá le irá bien tomarse un café… Yo invito.

TOM: Venga, señorita Lipkiss…

(Tom y Jano Lipkiss salen. Lucas y Mary Lou se han estado mirando en silencio.
Mientras hablan, Stoneway se sentará en una silla, apoyará los codos en las rodillas y se agarrará la cabeza con las manos.)

MARY LOU: Sí. El caso está cerrado. Denro de cuarenta días, estarás muerto, Lucas Lee.

LUCAS: Bueno. Ya era hora, ¿no?

MARY LOU: Te clavarán una jeringuilla, te inyectarán veneno y morirás.

LUCAS: Dios sabe que me lo merezco, Mary Lou. Pero ya no me importa, ¿sabes? Dios ha sido muy bueno conmigo al permitir que te conociera.

MARY LOU: (Llora.) ¡Eres repugnante, asqueroso y perverso!

LUCAS: No lo he negado nunca, Mary Lou.

MARY LOU: ¡Y esto que me has hecho…!

LUCAS: No te lo he hecho a ti, Mary Lou. Se lo he hecho a ella. ¿Y sabes por qué se lo he hecho a ella? Porque no te lo podía hacer a ti.

MARY LOU: (Llorando, se le abraza.) ¡Te matarán, Lucas!

LUCAS: Tienen que hacerlo, Mary Lou.

MARY LOU: ¡Estás condenado de antemano!

LUCAS: Yo me he juzgado. Yo me he condenado.

MARY LOU: ¡El juicio será un puro trámite!

LUCAS: (Le acaricia el cabello.) Como debe ser, querida, como debe ser.

(Oscuro.)

ESCENA 20 (Juez, Ryan, Fiscal, Mary Lou, Tom, Lucas.)

(El juicio. El estrado donde se encuentra el Juez Monahan. Al lado, la silla donde declaran los testigos. En ella está sentado Ryan. El Juez golpea enérgicamente con el mazo sobre la mesa, exigiendo silencio al público escandalizado.)

JUEZ: ¡Silencio! ¡Silencio o haré desalojar la sala!
Continúe el ministerio fiscal.

FISCAL: ¿Qué más le confesó el señor Lee, señor Ryan? ¿La mató mientras la violaba, y qué más?

RYAN: Después, la enterró allí mismo.

FISCAL: ¿Tenía usted alguna sospecha de que la pobre Sonia podía estar enterrada en aquella olmeda, a la orilla del Green River?

RYAN: Ninguna sospecha. Ni idea.

FISCAL: ¿Habían buscado en aquel sitio?

RYAN: No, señor. Estaba muy lejos de Uskell.

FISCAL: ¿Y qué pasó?

RYAN: Fuimos a la olmeda con una brigada de la policía local, con el forense y expertos de la Científica, y encontramos los huesos. Estaban enterrados a flor de tierra.

FISCAL: ¿Eran los huesos de la pequeña Sonia?

RYAN: Sí, señor.

FISCAL: ¿Pasó algo parecido con los seis casos que Lucas Lee confesó?

RYAN: Sí, señor. Lo mismo. Él sabía donde estaban enterrados los cuerpos y de qué manera habían sido asesinados.

FISCAL: Su señoría: es el enésimo caso igual que hemos podido escuchar en esta sala. Me parece inútil y reiterativo continuar. Estoy seguro de que el jurado ya se habrá formado un juicio coincidiente con la tesis de este ministerio fiscal. No haré más preguntas.

JUEZ: Su turno, señorita Stoneway.

MARY LOU: No haré preguntas, su señoría.

JUEZ: Señor Leopold Ryan: puede retirarse.
(Ryan abandona la silla y hace mutis.)
¿Tiene más testigos, el ministerio fiscal?

FISCAL: Tengo muchos más, su señoría, pero ya digo que me parece innecesario alargar este juicio ni un minuto más. Creo que la acusación está más que fundamentada.

JUEZ: Es el turno de la defensa.

MARY LOU: Sólo llamaré a un testigo, su señoría.

JUEZ: ¿Sólo a uno?

MARY LOU: Al señor Lucas Lee.

(Rumor en la sala.)

JUEZ: (Golpeando con el mazo.) ¡Silencio! Llamen al señor Lucas Lee.

(Entra Lucas por el fondo de la sala, en una especie de paseo triunfal. Va muy elegante, con la barba recortada y esas gafas que le dan aire de intelectual.)

TOM: Señor Lucas Lee: ¿jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

LUCAS: Sí. Lo juro.

(Se sienta.)

MARY LOU: Señor Lee: ¿está seguro de que puede mantener su juramento?

LUCAS: ¿Cómo dice?

MARY LOU: Le he preguntado si está seguro de que puede mantener su juramento. Porque tengo aquí un informe de los psiquiatras de la prisión de Wisconsin, doctores Hopkiss y Spenalzo, donde consta que lo sometieron a un severo reconocimiento entre los años 1960 y 1970, mientras cumplía condena por el asesinato de su madre, la señora Viola Dison Lee. ¿Reconoce este informe de los doctores Hopkiss y Spenalzo?

LUCAS: Sí. Es el informe que me dieron.

MARY LOU: (Al Juez.) Está incluido en el sumario del caso Viola Dison Lee que consta como prueba número uno de la defensa. Supongo que su señoría y los miembros del jurado ya lo deben de haber leído.

JUEZ: (Aturdido.) ¿Qué significa esto?

MARY LOU: En este informe consta que el señor Lucas Lee fue diagnosticado como adicto a drogas y alcohol desde su infancia lo que, sumado a múltiples lesiones en la cabeza, el clavo que su madre le clavó y el trauma materno-filial, da lugar a un tipo de esquizofrenia que está muy detallado en el informe. ¿Es así, señor Lee?

LUCAS: Estaba enfermo, sí. Me curaban con Thorazine y Benadryl, que me volvían sordo. Ya no oía las voces. Tampoco me dolían los puños cuando golpeaba las paredes. Luego, me dieron los electrochoques. Entonces, me quedaba como un recién nacido. Después de una sesión, me tuvieron que enseñar a andar, a comer y hasta a hacer pipí en el wáter. Tenían que limpiarme el trasero. Por eso dejaron de darme los electrochoques. Les daba demasiado trabajo.

MARY LOU: En uno de los puntos de este diagnóstico, lo definen como mentiroso compulsivo… Como seguramente recordarán su señoría y los miembros del jurado si han leído el informe. ¿Es eso cierto?

LUCAS: Sí, señorita.

MARY LOU: Eso significa que dice mucha mentiras.

LUCAS: Me parece que sí, señorita.

MARY LOU: ¿Puede ser que, entre esos dos mil casos de asesinato que ha confesado, haya alguno que sea producto de su imaginación?

LUCAS: No sé…

MARY LOU: Por ejemplo, parece evidente que no podía estar matando a Dorothy Jo en Washington y a Rita Salazar en California el mismo día.

LUCAS: Pues… seguramente no.

MARY LOU: Por ejemplo, dice que asesinó a Elizabeth Ann Price el 10 de abril de 1976 a Lubbock, Texas, pero aquel día usted estaba en el hospital del Espíritu Santo de Pont Diposit, Maryland, convaleciente de un coma etílico que había sufrido el 8 de abril.

LUCAS: Pues ahora que lo dice…

MARY LOU: Señores y señoras del jurado: ¿quién puede creer que alguien haya matado a dos mil personas en los diez años que pasaron entre que salió de la prisión de Michigan y fue detenido en Goldring? Eso querría decir que había matado doscientas personas por año, o sea, más de una cada dos días, corriendo arriba y abajo por toda la geografía de los Estados Unidos…

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: Señorita Mary Lou Stoneway…

MARY LOU: Repetiré la pregunta, su señoría. ¿Puede ser que, entre esos dos mil casos de asesinato que ha confesado, haya alguno que sea producto de su imaginación?

LUCAS: Sí, señorita.

MARY LOU: ¿Cuántos exactamente?

LUCAS: No lo sé.

MARY LOU: ¿Muchos?

LUCAS: Puede que sí. Muchos.

MARY LOU: ¿Cuáles exactamente?

LUCAS: No le sabría decir exactamente.

MARY LOU: ¿El caso de la pequeña Sonia que nos acaba de explicar el sheriff Leopold Ryan?

LUCAS: No lo sé.

MARY LOU: Pero usted sabía dónde estaba enterrada la pequeña Sonia.

LUCAS: Bueno… En el albergue del Ejército de Salvación de Gotham conocí a un par de hombres, Ottis Toole y un amigo suyo, que contaban muchas cosas como éstas que habían hecho. Algunas me las atribuí, sí.

MARY LOU: ¿Ha dicho Ottis Toole?

LUCAS: Sí, señorita.

MARY LOU: En realidad, su señoría, nos consta que el señor Ottis Toole, actualmente cumpliendo condena en la cárcel de Jamboree, ha confesado seis de los asesinatos que nuestro acusado, Lucas Lee, se había atribuido.

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

MARY LOU: ¿Y puede ser, señor Lucas, que a veces usted sólo firmara las declaraciones después de que los policías le hubieran entregado todos los datos de los casos? ¿Informes de las investigaciones, fotos de la policía científica, declaraciones de los testigos…?

LUCAS: Bueno, sí, claro. Los policías me ayudaban a recordar. Me decían lo que tenía que decir, me documentaban sobre lo que había hecho, me hacían firmar…

MARY LOU: ¿Cuántas veces ocurrió eso?

LUCAS: No lo sé. Muchas.

MARY LOU: ¿En qué casos?

LUCAS: No lo sé.

MARY LOU: ¿Y por qué lo hizo, señor Lucas? ¿Por qué se atribuyó crímenes que no había cometido?

LUCAS: No lo sé.

MARY LOU: ¿No lo sabe?

LUCAS: Puede que sí. Para castigarme.

MARY LOU: ¿Para castigarse?

LUCAS: Después de que Dorry me abandonó, no quería continuar viviendo. Nunca me he podido quitar de la cabeza el asesinato de mi madre. ¡Maté a mi madre, señorita! Quiero que me maten porque quiero morir.

MARY LOU: Quiere que le ejecuten. Que le ejecutemos.

LUCAS: Ya tendrían que haberlo hecho en el primer juicio. Maté a mi madre, señorita, ¿sabe lo que significa eso? La verdad es que ella es la única persona que he matado en mi vida.

MARY LOU: ¿Cómo ha dicho? ¿Podría repetir lo que acaba de decir?

LUCAS: Mi madre es la única persona que he matado en mi vida. Y la voy matando, y volviendo a matar, y volviendo a matar, aquí, en mi cabeza.

MARY LOU: ¿Sólo a su madre?

LUCAS: Pero era mi madre, señorita.

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: Por favor, acérquense, el fiscal y la defensa.
(Mary Lou y el Fiscal se acercan al Juez para hablar en voz baja.)
¿Se puede saber qué pretende, señorita Stoneway?

MARY LOU: Sólo estoy haciendo mi trabajo, su señoría.

JUEZ: ¡No joda!

MARY LOU: Su señoría, empiezo a preguntarme por qué crímenes estamos juzgando a este hombre. Por qué crímenes exactamente. Sabemos que es un mentiroso compulsivo, sabemos que es esquizofrénico, que significa que no responde de sus actos ni de sus palabras. Ahora, lo queremos ejecutar, ¿pero por qué? ¿Por algo que hizo pero que no sabemos exactamente qué es? ¿Por alguna mentira que ha dicho? ¿Mataremos a un hombre por decir mentiras, su señoría?

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: ¿Pero qué pretende? ¡Con los datos que da, nos está invalidando el juicio! El jurado nunca podrá dictar un veredicto…

MARY LOU: ¿Y…??

JUEZ: ¿Sabe lo que va a pasar como soltemos a ese monstruo que ha confesado dos mil asesinatos desde la primera página de los periódicos más importantes del país? ¿Qué cree que dirá la opinión pública si le soltamos?

MARY LOU: No pido la absolución. No tiene que soltarlo, su señoría. Es evidente que está loco y que es peligroso. Los científicos, psicólogos y sociólogos y criminalistas y abogados, le agradecerán que lo mantenga recluido para poder estudiar sus mecanismos mentales. Podría crear una comisión para que analice los dos mil casos y poder dilucidar cuáles cometió real e innegablemente Lucas Lee.

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: Si podemos averiguar qué es lo que ha hecho que Lucas Lee sea como es, podremos evitar que aparezcan otros como él.

MARY LOU: Creo que nos hemos precipitado celebrando este juicio antes de tiempo…

FISCAL: ¿Que nos hemos precipitado? ¿Antes de tiempo?

JUEZ: Quizá sí, quizá sí.

MARY LOU: Quizá sí, juez Monahan. Mírelo desde una nueva perspectiva: usted será el que denunciará esta gran farsa…

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: Una gran farsa.

MARY LOU: … Las mentiras que querían colarnos agentes de policía de todos los rincones del país…

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!

JUEZ: Una mentira. Son ellos quienes se han aprovechado del dinero de los ciudadanos al querer colgarse medallas que no les correspondían…

MARY LOU: ¡Exacto, su señoría!

FISCAL: ¡Protesto, su señoría!
(Nadie le hace caso.)

ESCENA 21 (Lucas, Mary Lou, Tom, Stoneway, Cámara, Maquilladora, Periodista 1…)

(Se encienden las luces de nuevo y ahora ya la celda de Lucas ocupa todo el espacio del escenario. Es como un gran despacho de ejecutivo y Lucas reina en él, detrás del escritorio. Ahora mismo, está hablando ante las cámaras de televisión, como un telepredicador.
Mary Lou trabaja en un rincón.)

LUCAS: No pido perdón a los hombres. Sólo le he pedido perdón a Dios, y Dios me ha perdonado. Estoy en paz conmigo mismo. Ahora, sólo dependo de la justicia de los hombres, que es imperfecta. Ahora, me gustaría bautizarme. Aleluya.

CÁMARA: Un momento. Si podéis matarle un brillo de la frente…

(La Maquilladora corre a dar un toque de maquillaje a la frente de Lucas.)

CÁMARA: ¡Sigamos!

PERIODISTA 1: ¿Cuál es su trabajo actual, señor Lee?

LUCAS: Dirijo un centro de coordinación policial especializado en mis revelaciones. Estudiamos los casos uno a uno para separar la realidad de la ficción.

PERIODISTA 1: Señor Lucas: ¿qué diría a aquellos que dicen que no está usted loco?

LUCAS: Que pienso como ellos. Yo creo que no estoy loco pero seguramente mis víctimas no estarían de acuerdo conmigo.

(Mary Lou está haciendo señales al cámara para meterle prisa.)

PERIODISTA 1: Ha salido en la portada de Life. ¿Se considera famoso? De momento le ha quitado el sitio a asesinos en serie tan destacados como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Charles Manson. ¿Era ése su objetivo?

LUCAS: Yo soy la flecha mortal, y las flechas no tienen objetivo. Sólo tiene objetivos el Arquero, y mi Arquero es Dios. Aleluya.

MARY LOU: Lo siento, tendremos que interrumpir la entrevista, se ha pasado el tiempo…

PERIODISTA 1: No importa. Ya tenemos un par de buenos titulares… ¡«Mis víctimas no estarían de acuerdo conmigo»! Muy buena. Muchas gracias, señor Lee.

(El cámara, la periodista 1 y la maquilladora recogen sus cosas.)

MARY LOU: La empresa de confección de la Congregación de la Luz Negra pide que uses sus modelos.

LUCAS: Quiero ver esos modelos. No me voy a poner cualquier cosa.

MARY LOU: Y quiere venir el gurú de la secta para hablar contigo.

LUCAS: 200.000 $.

MARY LOU: ¿200.000?

LUCAS: Si todavía no se han enterado de que su congregación es un negocio, no merece la pena tener relación con ellos. Y, si saben que es un negocio, también sabrán que 200.000 $ aún es un regalo. Aleluya.

PERIODISTA 1: Perdone… ¿Usted es Mary Lou Stoneway, su abogada defensora? ¿La que lo libró de la ejecución?

MARY LOU: Sí.

PERIODISTA 1: ¿Le importaría que le hiciéramos unas preguntas?

MARY LOU: (A Lucas.) ¿Puedo?

LUCAS: Ve, pero no tardes. Y cuidado con lo que dices.

PERIODISTA 1: Lo haríamos fuera, al aire libre, en libertad, como contraste.

MARY LOU: ¿Puedo?

LUCAS: Va.

(Salen el Cámara, la maquilladora, la Periodista 1 y Mary Lou.)

ESCENA 22 (Lucas, Dorry, la señorita Good, Stoneway, Mary Lou.)

(Entran dos mendigas, sucias y desaliñadas. Son Dorry y la señorita Good.)

DORRY: ¿Lucas…?

(Lucas no reacciona.)

SEÑORITA GOOD: ¿Ya no te acuerdas de nosotras?

DORRY: ¿Ni un poquito?

LUCAS: Más vale que os vayáis antes de que venga el sheriff.

SEÑORITA GOOD: El sheriff ya no quiere saber nada de nosotras.

DORRY: Él tampoco.

SEÑORITA GOOD: Lucas… ¿Te acuerdas? (Coge una botella de whisky. Le tienta.) ¿Por qué no tomas un poco de whisky? Así quizá nos verás mejor…

LUCAS: (Tentado.) Ya no bebo.

DORRY: Lucas… En el cajón superior del escritorio hay un revólver…

SEÑORITA GOOD: Ábrelo.

DORRY: (Abre el cajón superior del escritorio.) Mira.

LUCAS: (Tentado.) No. Ya no necesito revólveres.

SEÑORITA GOOD: (Hay un cuchillo de caza en su funda, al alcance. Lo coge.) ¿Un cuchillo? Te quema la piel cuando ves un cuchillo…

DORRY: (Exhibiéndose, sensual.) Lucas, mira mi cuerpo de mujer, ¿qué te sugiere mi cuerpo de mujer?

SEÑORITA GOOD: Tu madre, Lucas.

DORRY: Rabia, Lucas.

SEÑORITA GOOD: El placer es sádico.

DORRY: Toma el cuchillo, Lucas.

SEÑORITA GOOD: Bebe un trago.

DORRY: Desahógate, papi.

SEÑORITA GOOD: El cuchillo.

(Entra Stoneway, bajando las escaleras y desperezándose.)

STONEWAY: ¡Uaaaaaa! Hola, Lucas. Hacía tiempo que no dormía tan bien.

DORRY: Lucas.

STONEWAY: En realidad, ¿sabes?, desde que llegaste aquí, empecé a tener pesadillas…

SEÑORITA GOOD: El cuchillo.

STONEWAY: Me despertaba sudoroso y asustado a media noche.

DORRY: El revólver.

STONEWAY: No podía soportar tu presencia odiosa en mi casa. Sin embargo, para bien o para mal, el tiempo demuestra que uno puede acostumbrarse a todo, a cualquier cosa, si se siente recompensado.

SEÑORITA GOOD: Desahógate, Lucas.

STONEWAY: Creo que eso no dice nada en favor de la humanidad en general ni de mí en particular, pero así son las cosas. No se puede evitar. Yo no puedo evitarlo.

DORRY: Mátalo.

STONEWAY: Cuando estuvimos a punto de perderte, me supo mal.

SEÑORITA GOOD: Mátalo y serás libre.

STONEWAY: Pero entonces ganamos el juicio, volvimos aquí, a casa…

DORRY: Mátalo, por favor.

STONEWAY:… Y las pesadillas se hicieron tolerables, incluso entrañables.

SEÑORITA GOOD: Lucas, ¿nos oyes?

STONEWAY: Ahora, por fin, ya duermo como un ángel. Ya han desaparecido.

DORRY: ¡No hemos desaparecido! ¡Estamos aquí!

SEÑORITA GOOD: ¡Estamos aquí!

LUCAS: No hay nada que dure para siempre. Ni siquiera los fantasmas. Los fantasmas también mueren, amigo Stoneway.

DORRY: ¡No!

SEÑORITA GOOD: ¡Nos estás oyendo!

(Entra Mary Lou.)

STONEWAY: ¿Dónde estabas?

MARY LOU: Los de la televisión me estaban haciendo una entrevista.

STONEWAY: ¿Están fuera? A loe mejor, aún querrán hacerme unas preguntas…

(Sale corriendo. Mary Lou se pone a ordenar papeles en el escritorio.)

DORRY: ¡Por el amor de Dios, señorita Good! ¡No nos oye! ¡No estamos!

LUCAS: ¿Desahogarme? Ahora conozco otras maneras de desahogarme. Ya no tengo que matar para conocer mis poderes…
Mary Lou: ven, guapa.
(Ella, sumisa, se deja llevar. Lucas la conduce al lavabo.)
Así es mucho más limpio. La impunidad es sinónimo de libertad.
(Se encierran.)

SEÑORITA GOOD: No existimos, pequeña Dorry. Las víctimas sólo existimos cuando a ellos les interesa. Y, a veces, cuando necesitan más, hacen nuevas víctimas.

(Se apagan las luces. Cuando se vuelven a encender, Dorry y la señorita Good han desaparecido y, en su lugar, está Tom hablando al público.)

TOM: Henry Lee Lucas murió de muerte natural, debido a lesiones hepáticas causadas por su antigua adicción al alcohol y a las drogas, a la edad de 65 años, en la cima del éxito. En él se inspiró la película de John McNaughton, en 1991, “Henry, retrato de un asesino en serie”. Dicen que es una película de culto. De culto. Aleluya.

4 Respuestas a “Lucas – Biopic –

  1. Pingback:Aquí lo tenéis | Andreu Martín

  2. demanio 17 mayo 2010 en 15:13

    GENIAL, gracias por esto Andreu.
    lo copio y leo con calma y comentaré.

    saludos

  3. Pingback:Lectura veraniega | Andreu Martín

  4. Luis diaz 8 julio 2010 en 23:51

    Magnifica Andreu,me ha encantado esta obra.Gracias por compartirla.

    Un saludo.

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