Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

EL NOI DEL SUCRE

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Se llamaba Salvador Seguí y le llamaban El Noi del Sucre, el Chico del Azúcar. Todo el mundo admiraba su capacidad de seducir y arrastrar a las masas.

El día de San José de 1919,  en la plaza de toros de Las Arenas, a pleno pulmón había hecho callar a veinte mil obreros exaltados y los convenció de que acabaran la huelga de la Canadiense. Era el más importante líder anarquista del momento. Un mito.

La noche del 9 de marzo de 1923, Salvador Seguí, su esposa Teresa y su hijo Heleni de siete años, salieron del teatro Cómico del Paralelo y tomaron un taxi para dirigirse a la calle Valencia, número 559, donde vivían.

Durante el trayecto, el conductor del taxi advirtió a Seguí de que los iba siguiendo un coche ocupado por tres hombres. Uno de ellos era Inocencio Feced, el confidente de la policía que había puesto la bomba en el music hall Pompeya tres años antes.

Cuando llegaron a su destino, el líder sindical se apeó del vehículo, acompañó a su esposa y a su hijo hasta el portal, les dijo «ahora subo» y volvió atrás para plantarse delante de sus perseguidores.

—¡Disparad, cobardes!  —les gritó.

No se atrevieron.

El coche, con Feced en su interior, pasó de largo y se perdió en la noche.

Pero Salvador Seguí ya sabía que estaba en el punto de mira y que le quedaba poco tiempo de vida.

Al día siguiente, sábado, 10 de marzo, después de comer, dio un fuerte abrazo a Teresa:

—Voy a tomar un café con Lluís Companys —le dijo.

Su esposa notó que llevaba en el bolsillo su pistola automática belga.

Se temía lo que iba a suceder.

Pasó un rato en el Tostadero de la plaza de la Universidad jugando a billar con Companys y otros amigos. A media tarde, salió con un tal Comas para dirigirse a la calle de San Rafael a realizar una gestión profesional.

A las siete y cuarto, Comas y él pasaban por delante del número 19, cercano a la calle de la Cadena, cuando Inocencio Feced llegó por detrás y disparó un revólver a la nuca de Seguí, que cayó fulminado.

Otro individuo hirió a Comas en el costado derecho y en la pierna izquierda. Un tercero disparaba al aire para organizar jaleo y sembrar el pánico, y sus balas alcanzaron accidentalmente a una mujer, Margarita Miquel, de 66 años, que se había asomado al balcón para ver qué estaba sucediendo.

En la esquina de la calle de San Rafael con la Rambla del Raval, muy cerca del restaurante Casa Leopoldo, hoy se puede ver una placa que conmemora este asesinato. 

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