Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

SE VENDE LA TORRE EIFFEL

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El 11 de marzo de 1947, murió a los 57 años, en la cárcel de Springfield, Missouri (USA), un hombre llamado Victor Lustig. En su partida de defunción constaba, como profesión, «aprendiz de vendedor».

Era el hombre que, veintidós años antes, había vendido dos veces la Torre Eiffel.

En 1925, la torre parisiense, construida en 1889 con motivo de la Exposición Universal de París, se veía estropeada y oxidada, y muchos ciudadanos reclamaban que fuese derribada.

Cinco importantes chatarreros de Francia recibieron una carta con papel oficial, membrete del Ministerio de Correos y Telégrafos y firmada por el conde Lustig, que los convocaba a una reunión en el prestigioso Hotel Crillon.

Allí, Victor Lustig (Checoeslovaquia, 1890) les notificó que el Gobierno Francés, sin presupuesto para reparar la torre, había decidido venderla como chatarra. En un informe detallaba la cantidad de elementos de hierro que la componían y el peso que ello representaba, y les propuso que hicieran ofertas.

Días después, Lustig se reunió con el industrial André Poisson, otra vez en el hotel Crillon, para informarle de que podía conseguir que fuera él el candidato elegido por el Gobierno, a cambio de una comisión proporcional al precio de compra. Eso explicaba que la reunión se realizara en un hotel y no en el Ministerio.

Poisson firmó el documento de compra que, por la cantidad de setecientos millones de francos, lo autorizaba a derribar la Torre Eiffel y llevársela como chatarra.

Y Victor Lustig se fue a Viena para disfrutar del dinero obtenido con la estafa.

Al comprobar que Poisson no se había atrevido a denunciar los hechos a la policía, dos años después, Lustig volvió a París, reunió de nuevo a unos cuantos industriales y les endosó la Torre Eiffel por segunda vez.

Después de lo cual, se fue a viajar por Estados Unidos.

Fue allí donde Lustig inventó la máquina de fabricar dinero. Una cajita de madera con una manivela. Por un lado, se metía un papel y salía por el otro lado convertido en un billete de banco auténtico. Se hizo de oro vendiendo cajitas de ésas. Incluso consiguió que un sheriff de Texas que lo había detenido —no sabemos por qué—  le devolviera la libertad a cambio de la maravillosa maquinita de fabricar dinero.

Cuando pasó por Chicago, quiso estafar a Al Capone en persona. Le vendió por 50.000 dólares unos bonos falsos con la promesa de que, en sesenta días, duplicarían su valor.

Cuando se enteró de quién era realmente su víctima, volvió al hotel donde Capone vivía y le devolvió el dinero diciéndole que «le parecía que el negocio era sospechoso y que más valía retirarse».

Cuentan que Al Capone le regaló cinco mil dólares y le dijo que era el «hombre más honrado que jamás había conocido».

Éste fue Victor Lustig y es probable que sea en memoria de este personaje que, en francés, la palabra loustic defina a un «individuo poco serio».

 

 

 

 

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