Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

LA MUERTE DEL NIÑO

El 14 de julio de 1881, cerca de la medianoche, el sheriff Pat Garrett llega a casa de Pete Maxwell, en Fort Sumner.

Hace mucho calor y la puerta y las ventanas están abiertas. Garrett se acerca a la cama donde duerme el dueño de la casa. Lo despierta:

—¿Dónde está el Niño? 

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Se refiere al muchacho de 21 años que se hace llamar William Bonney, conocido como Billy el Niño, que se ha convertido en una leyenda en Nuevo México.

Llegó al condado de Lincoln en 1877 y entró a trabajar como vaquero (cow-boy) en el rancho de John Tunstall, un terrateniente inglés que se convirtió para él en el padre que nunca tuvo.

Una pandilla de políticos, jueces, ganaderos y militares que querían dominar el territorio de Nuevo México y que se denominaban a sí mismos el Ring de Santa Fe y entre los cuales se encontraba el famoso John Chisum, declararon la guerra a Tunstall.

Un día, el sherif William Brady salió al paso del inglés y lo mató.

Ese incidente enloqueció al joven Billy que formó una banda para vengar a su tutor.

Tomaron el nombre de Los Reguladores (The Regulators) y se dedicaron a matar a los asesinos de Tunstall y a robar su ganado.

En aquella época, Billy the Kid aseguraba haber matado a tantos hombres como años tenía «sin contar a indios ni mexicanos».

El gobernador Lewis Wallace (autor de Ben-Hur) ofreció 5000 dólares por la cabeza de Bonney. Entonces, el sherif Pat Garrett, antiguo amigo de Billy el Niño, inició la persecución del joven pistolero.

Lo detuvo en diciembre de 1880, lo juzgaron y lo condenaron a muerte, pero Billy se escapó el 9 de abril de 1881, matando a dos guardias.

Ahora, por fin, tres meses después, Garrett ha recuperado el rastro, en Fort Sumner. Y, cuando está preguntando a Maxwell dónde está Billy, en la puerta se enmarca el muchacho en mangas de camisa, descalzo y sin sombrero, con un cuchillo en una mano y un revólver del 41 en la otra, y pregunta en castellano:

¿Hay alguno ?

Garrett dispara. La bala rompe el corazón de Billy, que cae y, según Ramon J. Sender en su libro El bandido adolescente, «se le oyó toser como el niño que se atraganta bebiendo leche».

Dijo una mujer:

—La muerte le sentaba tan bien como le había sentado la vida. O mejor.

 

 

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