Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

REVENTÓN

http://www.youtube.com/watch?v=V-S-cFM6AM0
Lo siento, pero no puedo aplaudir la película CARMINA O REVIENTA, porque me revienta.
La vi, y me reí, como se ríen tristemente los guiris cuando vienen a ver a los bárbaros del sur, como se estremecen las señoritingas americanas cuando ven una corrida de toros. Qué vergüenza. Sí, qué vergüenza. Me avergüenza que me recuerden que en este país no entró la Ilustración. Cuando la Revolución Francesa empezó a cortar cabezas de reyes, aquí al rey Carlos IV le entró el canguelo, cerró fronteras, prohibió la enseñanza del francés, ordenó la quema de todos los libros en francés, resucitó a la Santa Inquisición, prescindió del ilustrado Floridablanca y desterró al eminente Jovellanos. Hasta entonces, en toda Europa se daban penosos espectáculos de peleas de o con animales. Peleas de perros, o la lucha de un hombre contra un oso, o de un perro contra un oso, o la lucha de un hombre contra un jabalí… La Ilustración y el Enciclopedismo, la cultura popular, hizo ver a las masas que aquello era una aberración y dejaron de hacerlo. En todas partes menos en España donde convirtieron la aberración en reivindicación nacional, la Fiesta Nacional, que aún sigue. Decir Afrancesado, que quería decir culto, era un insulto. Y echamos a los franceses de España al grito de QUE VIVAN LAS CAENAS (que tiene bemoles). Muera la libertad y vivan las cadenas, Viva el rey absoluto y vivan las cadenas, cuando entronizaron al nefasto Fernando VII. Y muchos años después, en su senilidad, ese energúmeno llamado Unamuno acabó gritando un «¡Que inventen ellos!», que todavía hoy nos perjudica cuando vemos lo que destinan los gobiernos a investigación.
Desde entonces, parece que es estupendo hacer ostentación de brutalidad, de garrulería, de incultura, de pedos y cacas y tacos, y de pasarse por el forro leyes y órdenes y normas de convivencia. Es que somos cojonudos. Tanto que, en Italia (¡Italia!), cuando la Ministra de Trabajo anunció los recortes presupuestarios a los ciudadanos, LLORÓ. En cambio, en nuestro país patalallana, sincero y desinhibido, cuando el PP notifica los recortes a los contribuyentes, una caritalinda pija y gilipollas se permite gritar «¡Que se jodan!».
Así somos. España y ella son así, señora.

 

 

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