Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

Veinte reglas para escribir Historias de Detectives (1928)

1.- El lector debe tener las mismas oportunidades que el detective para resolver el misterio. Todas las pistas deben ser completamente mostradas y descritas.

2.- No podemos poner al lector trampas ni maniobras de distracción que no sean las que el criminal pone al detective.

3.- No tiene que haber ningún interés romántico en la historia. Introducir líos amorosos únicamente serviría para estorbar una experiencia puramente intelectual con un sentimiento irrelevante. Se trata de llevar al criminal ante el tribunal de justicia, no de llevar a una pareja enamorada al altar.

4.- El detective y los investigadores oficiales del caso nunca pueden ser los culpables. Ésta sería una trampa inaceptable como vender duros a cuatro pesetas.

5.- Hay que descubrir al culpable por deducción lógica, no por casualidad, coincidencia, o confesión espontánea. Resolver un enigma criminal de esta manera es como conducir al lector por una deliberada búsqueda inútil y, cuando no ha logrado encontrar lo que buscaba, decirle que todo se basaba en un as que traíamos escondido en manga. Una broma de mal gusto.

6.- La novela policíaca debe tener un detective, y un detective sólo es detective si detecta. Su función consiste en reunir pistas que nos lleven hasta la persona que cometió el crimen en el primer capítulo, y si el detective no saca conclusiones a través de un análisis de estas pistas, es como el alumno que conoce el resultado final del problema de aritmética pero no el proceso para llegar hasta él.

7.- En una novela de detectives, tiene que haber un cadáver y cuanto más muerto, mejor. No basta con un delito menor que el asesinato. Trescientas páginas es demasiado jaleo para cualquier delito que no sea un asesinato. Después de todo, el tiempo de los lectores y el gasto de energía deben ser recompensados.

8.- El problema del crimen tiene que ser resyelto por medios estrictamente racionales. Métodos como la cábala, la Ouija, la lectura del pensamiento, sesiones de espiritismo, bolas de cristal y similares, están prohibidos. El lector tendrá alguna oportunidad si confronta su ingenio con un detective racionalista, pero si tiene que competir con el mundo de los espíritus y andar montando persecuciones por la cuarta dimensión de la metafísica, será derrotado ab initio.

9.- Sólo tiene que haber un detective —protagonista de la deducción—, un solo deus ex maquina. Combinar la mente de tres o cuatro o, incluso, una pandilla de detectives, para resolver un enigma, sólo sirve per dispersar el interés y romper el hilo directo de la lógica, y para tomar además ventaja desleal sobre el lector. Si hay más de un detective, el lector no sabe a quién tiene que seguir. Sería como hacer que el lector corriera una carrera contra un equipo de relevos.

10.- El culpable tiene que ser una persona que ha jugado un papel más o menos importante en la historia —es decir, una persona con la cual el lector se haya familiarizado y  le interese. Un escritor que, en el capítulo final, elige como culpable a un extraño o personaje sin importancia en la historia, está confesando su incapacidad para enfrentarse con el lector.

11.- Mayordomos, lacayos, criados, guardas de caza, cocineros, y similares nunca deben ser elegidor por el autor como culpables. Es una solución demasiado fácil. Hace que el lector sienta que ha estado perdiendo el tiempo. El culpable tiene que ser una persona que valga la pena, que normalmente no debería ser sospechosa.

12.- Sea cual sea la cantidad de asesinatos que se cometan, sólo tiene que haber un culpable. Puede tener un ayudante menor de edad o colaborador, pero el peso importante de la culpabilidad debe reposar sobre un solo hombre: la indignación del lector tiene que concentrarse en una sola naturaleza negra.

13.- Las sociedades secretas, camorras, mafias, etc. no tienen cabida en una historia de detectives. Con ellas, el autor se metería de lleno en un relato de aventures o de espías. Un asesinato fascinante y realmente bonito se ve arruinado irremediablemente por una culpabilidad compartida. En una novela de detectives al asesino hay que tratarlo con deportividad; pero sería ir demasiado lejos proporcionarle una sociedad secreta, con la multitud de miembros, omnipotencia de posibilidades, donde poder esconderse. Un asesino como Dios manda nunca aceptaría tantas ventajas en su lucha contra la policía.

14.- El método del asesinato, y los medios de su detección, deben ser racionales y científicos. Es decir, la ciencia-ficción y mecanismos imaginarios no pueden ser tolerados en el relato policíaco. Por ejemplo, no vale un asesinato provocado mediante un invento nuevo —como una super-radio—. Tampoco podremos recurrir a una droga o veneno desconocidos, sólo existentes en la imaginación del autor. Únicamente se puede recurrir a productos farmacéuticos que existan en la realidad. Cuando el autor penetra en el reino de la fantasía, a la manera de Jules Verne, se coloca fuera de los límites de la ficción detectivesca.

15.- La solución del problema en todo momento tiene que ser evidente —siempre que el lector sea lo bastante sagaz como para verla. Es decir que si el lector, después de conocer la solución del caso, volviese a leer el libro, vería que la solución era evidente, que todas las pistas realmente señalaban al culpable y que, si hubiera sido tan inteligente como el detective, podría haber resuelto el misterio sin tener que llegar al capítulo final. Que el lector inteligente suele resolver el problema es evidente. Y una de mis teorías básicas de la novela policíaca es que, si una historia de detectives está justa y legítimamente construida, será imposible engañar a todos los lectores. Inevitablemente habrá un cierto número de ellos tan perspicaces como el autor, y si el autor ha jugado de manera deportiva y honesta, mediante el análisis, la eliminación y la lógica, podrán señalar al culpable al mismo tiempo que el detective. Ahí radica precisamente el entusiasmo del juego.

16.- Una novela policíaca no debe contener largos pasajes descriptivos, ni adornar los problemas con exhibiciones literarias, ni sutiles análisis de personajes, ni preocupación por crear “atmósfera”. Estas cuestiones no tienen cabida en un relato sobre la delincuencia y la investigación. Son temas irrelevantes par el propósito principal, que es plantear un enigma, analizarlo y solucionarlo.  El lector no busca en una historia de detectives filigranas literarias, ni bonitas descripciones ni la proyección de estados de ánimo, sino la estimulación mental y la actividad intelectual —igual como a ver un partido de beisbol o trata de resolver un crucigrama. Tiene que haber las descripciones y el dibujo de personajes justo para dar verosimilitud a la novela.

 

17.- Un delincuente profesional nunca debe cargar con la culpa de un crimen en una historia de detectives. Los delitos cometidos por ladrones de pisos o gángsteres pertenecen al departamento de policía, no a los brillantes detectives aficionados. Esta clase de delitos pertenece a la rutina de trabajo de las Oficinas de Homicidios. Un crimen realmente fascinante es aquel q     ue haya cometido uno de los pilares de una iglesia, o una solterona conocida por sus obras de caridad.

18.- Un crimen en una historia de detectives nunca debe terminar siendo un accidente o un suicidio. Acabar una complicada investigación con un anticlímax como éste es jugar una mala pasada imperdonable al lector. Si un comprador se ha gastado un par de dólares en un libro, y resulta que el crimen fue una farsa, cualquier tribunal con un poco de sentido de justicia decidiría a su favor y castigaría con severidad al autor que traicionó la relación de confianza con el pobre lector.

19.- Los motivos para todos los delitos en las historias de detectives tienen que ser personales. Conspiraciones internacionales y la política de guerra pertenecen a una categoría diferente de la ficción —historias de espías, por ejemplo. Una historia criminal debe mantenerse en el mundo de las experiencias cotidianas del lector, y proporcionar una cierta salida a sus propios deseos y emociones reprimidos.

20.- Y (para dar a mi credo unas puntualizaciones finales) incluyo una lista de algunos de los dispositivos a los que no recurrirá jamás un escritor de historias de detectives que se respete. Se han utilizado con demasiada frecuencia, y son familiares para todos los auténticos amantes de la literatura criminal. Utilizarlos equivale a una confesión de ineptitud y falta de originalidad del autor.

(A) La identificación del culpable comparando la colilla de un cigarrillo encontrado en la escena del crimen con la marca que fuma un sospechoso.

(B) La falsa sesión de espiritismo para conseguir que el culpable se delate.

(C) Falsas huellas dactilares.

(D) La coartada de la figura simulada.

(E) El perro que no ladra y por tanto revela que conocía al intruso.

(F) Que la sospecha del crimen recaiga sobre un mellizo o persona idéntica al culpable pero que luego resulta ser inocente.

(G) La jeringa hipodérmica y la droga somnífera.

(H) El crimen en la habitación cerrada por dentro.

(I) El test de asociación de palabras para descubrir al culpable.

(J) La carta en clave descifrada por el detective.

 

 

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