Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

NORMAS DE EDUCACIÓN

Cuando un niño llora por la noche, no hay que acudir nunca para ver qué quiere o qué le pasa. Hay que dejarlo llorar hasta que se canse, que dicen que eso ensancha los pulmones.
Así aprende que, cuando esté angustiado o en problemas a lo largo de su vida, no debe pedir ayuda a nadie porque nunca nadie le ayudará. Y, de rebote, supongo que aprenderá que, si alguien lo necesita, tampoco es necesario que acuda en su ayuda.

Cuando un niño discuta con alguien mayor que él en edad, dignidad y gobierno, se le deberá imponer el principio de autoridad y nunca deberá salirse con la suya.
Así aprenderá que el que manda manda, que el que manda siempre tiene la razón y que no merece la pena enfrentarse a la autoridad porque ésta siempre lleva las de ganar. Y conseguiremos que el niño sea sumiso, obediente, modesto, callado y respetuoso, o bien que ambicione a llegar al poder para poder putear como le putearon.

De vez en cuando, es necesario propinar al niño una buena bofetada. Eso no traumatiza a nadie y, además, enseña que, cuando no hay razones, es perfectamente lícito recurrir a la violencia y a la agresión física. Y, si hay razones, también.
(… Y, además, nos permite resarcirnos de todas las bofetadas que recibimos cuando éramos niños. Dulce venganza.)

En general, cuando nos planteemos la educación de un niño, deberemos prescindir de sus sentimientos, necesidades, deseos y expectativas para aplicar una única máxima «Mira, niño, no molestes».

4 Respuestas a “NORMAS DE EDUCACIÓN

  1. Andrea 2 marzo 2012 en 13:20

    Lloré un mes sin descanso, cuenta mi madre. No me lo merecía, es evidente, pero no por eso fue menos provechoso.

    Dudo de que el niño llorando pida ayuda. Sólo expresa disgusto. Pero si damos relevo dónde no hay dolor, el niño entiende que el placer se consigue sacando agua por los ojos, no por los poros.

  2. Estrella 30 abril 2012 en 16:27

    Lloré pesadamente de bebé, según contaba mi madre a sus amigas, solo por que me aburría cuando se apagaba la luz. Cuando se encendía para que mi madre me diese azúcar en el chupete dejaba de llorar. Un día mi madre olvidó encender la luz y al recurrir al maravilloso invento, tuvo un accidente: Todo el azúcar del azucarero, a oscuras, cayó sobre mi “carita de bebé”. Ni que decir tiene que tras este relato ella sus oyentes amigas rompían en risas en mi misma cara de adolewscente. Ya de adulta expresé mi pensamiento en una de esas “tan graciosas reuniones”.
    Desde aquí y en vista de la proximidad de la fecha que el calendario del comercio marca como día de la madre… no me queda otra que felicitarlas a todas, menos a mí, que suelo ser una madre diferente. Gracias Andreu y al equipo, estamos en contacto.

  3. Estrella 6 mayo 2012 en 15:37

    El comentario ha superado la censura, gracias Andréu. Por cierto yo pienso pagar mis 5€, gracias.

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